Como nuestro hijo termina el preescolar en “Marañacos”, lo inscribimos en el colegio San Bonifacio de las Lanzas donde presentó la prueba académica de la que sabemos le fue bien, según nos informó uno de los miembros del Consejo. Una semana después llegó una lacónica comunicación que decía: “El Comité de Admisiones... tomó la decisión de no conceder cupo a su hijo”.
Frente a este hecho y luego de varias averiguaciones realizadas, la presunción es que no se le concedió el cupo por algunas columnas de opinión que he publicado en Tolima 7 días. Advierto que no soy enemigo de nadie en particular, sí un crítico caracterizado de cuanto sucede en el Tolima. Por sobrados elementos de juicio, al Comité de Gremios y a la Asociación para el Desarrollo del Tolima, ADT, no les ha gustado, es más, se han sentido muy molestos con dichos artículos. Inclusive los he invitado a que lideren un debate sobre el supuesto desarrollo que dicen promover. A este respecto, no ha habido ninguna respuesta. Ofrezco excusas si llegare a tener una percepción equivocada y esta pudiera ser demostrada.
De lo que pasa en Ibagué y en el Tolima, nadie es ajeno. Lo repito nuevamente: Ha habido un marcado incumplimiento en las instituciones responsables de acelerar el desarrollo. Los indicadores cada día son peores. Tenemos una mentalidad ligada al atraso, a la exclusión y a la descalificación. No es gratuito que esta ciudad ocupe el primer lugar en desempleo y que aquí no haya un sostenido desarrollo. Algo nos pasa. Cuando se irrespetan derechos fundamentales de los niños y cuando se asumen actitudes revanchistas y excluyentes, lo único que se logra es refundir la ética y el respeto a la diversidad de pensamiento.
Una sociedad que expresa en su interior comportamientos de corte feudal, que impone criterios personales ajenos a los protocolos establecidos y que en lugar de propiciar espacios de discusión abierta y de motivar sinergias edificantes para encontrar nuevos caminos, adopta decisiones arbitrarias, puede ser que esa sociedad corre peligro de estar moralmente enferma.
No es extraño que eso haya sucedido, cuando predomina el arribismo superficial de actos sociales, el monólogo en voz baja, la imposición de intereses personales sobre los colectivos, la foto que reseña a diario las pequeñas cosas de lo que hacemos y la ansiedad por ocupar la silla en algunos actos de lanzamiento. Este es el pan de cada día. Por eso no es extraña esta cultura feudal, que ejerce con libertad la incomunicación y que carece de iniciativas, y que es por lo mismo ajena al debate, a la madurez por el respeto a la diferencia, ajena a la tolerancia y proclive a la intolerancia.
Hay ausencia incluso de una dimensión espiritual que nos aproxime a la existencia de un Dios, en cualquiera de sus expresiones. El libro sagrado sentenció: “por sus obras los conoceréis”. Sin una fuerza interior que movilice nuestras energías hacia conquistas superiores, este departamento no tendrá siquiera un presente posible.
Epílogo: 1. Esta sociedad merece una revisión profunda. 2. Del guerrero talante pijao nos queda el folclórico recuerdo y, 3. Parodiando a Gabo, la estirpe tolimense está condenada a más de cien años de soledad y no tendrá una segunda oportunidad sobre la tierra.
Ibagué, 9 de octubre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario