Ibaguereños y tolimenses buenos días:
Preocupados por la necesidad de preservar nuestro patrimonio ambiental, un grupo de tolimenses en el que participan estudiantes, campesinos, profesionales, líderes comunitarios y organizaciones ambientales, nos hemos unido con el claro propósito de defender el futuro.
Entendemos el patrimonio ambiental como la sumatoria de varias riquezas: el agua, por ejemplo, hace parte de ese patrimonio que nos pertenece a todos; sin el agua no es posible la vida humana. Es por lo tanto el principal recurso. Entendemos que el agua es un bien colectivo que todos debemos cuidar; sucede lo mismo con los bosques, con las montañas, con los valles, o con lo que comúnmente conocemos como la flora y la fauna. Este conjunto de elementos presentes en la naturaleza es lo que conforma la biodiversidad. A mayor biodiversidad, mayor riqueza. Y a mayor riqueza, mayor responsabilidad para cuidarla.
Por este compromiso que tenemos con Ibagué y con el Tolima, organizaciones que nacieron en Cajamarca como Ecotierra, Conciencia Ambiental, Cosajuca, el Observatorio Ambiental, Conciencia Campesina y la Reversa, hemos decidido unir nuestros esfuerzos para que cada día más personas de nuestra tierra conozca los peligros que amenazan el futuro de nuestro departamento, si se llegara a aprobar una explotación de oro a cielo abierto con cianuro, como la que se ha previsto realizar en Cajamarca. Este es el mayor peligro y la más grande amenaza que hoy enfrenta el Tolima. De lo que pase con el Proyecto minero La Colosa, dependerá que se inicie o no la explotación minera a gran escala en las tres cordilleras colombianas.
Por estas mismas razones, decidimos crear Aldea Global, un programa de radio que se emitirá en este maravilloso horario de las 5:05 am hasta las 5:30 de la mañana, de lunes a viernes, por la emisora Ecos del Combeima. Será un espacio para “informarnos y para informar” a los tolimenses sobre el riesgo de la megaminería y sobre otros peligros que acechan al medio ambiente. Para ello queremos abrir un espacio en el que la comunidad exprese sus preocupaciones, pero también tenemos la responsabilidad moral y ética de contribuir a que la sociedad regional conozca lo que pasa en nuestro entorno.
Amigas y amigos: los invitamos a construir una alianza por la defensa de las riquezas que tiene el Tolima.
Ibaguereños y tolimenses….buenos días…les habló Jairo Arias Barragán.
Ibagué, 24 de noviembre de 2010
Un alto en el camino
A raíz del cierre definitivo de la separata regional de EL TIEMPO, donde expresamos de manera libre nuestras opiniones por más de tres años, quiero expresar a los habituales lectores de este blog que no hemos claudicado en nuestro propósito de continuar contribuyendo con nuestras modestas opiniones al desarrollo del Tolima.
Hemos recibido invitaciones de otros medios de comunicación local interesados en publicar nuestras columnas de opinión, pero hemos preferido hacer un alto en el camino. Seguimos sí comprometidos con la defensa de nuestro patrimonio ambiental, hoy fuertemente amenazado por intereses multinacionales. El creciente interés de las comunidades por conocer la problemática de la mina La Colosa en Cajamarca y la responsabilidad de la sociedad civil amerita todo nuestro respaldo.
En esto estamos comprometidos. Y para no dejar de escribir, tenemos la voluntad de sacar adelante un proyecto editorial que registre el momento histórico que estamos viviendo.
Ibagué, 17 de noviembre de 2010
Hemos recibido invitaciones de otros medios de comunicación local interesados en publicar nuestras columnas de opinión, pero hemos preferido hacer un alto en el camino. Seguimos sí comprometidos con la defensa de nuestro patrimonio ambiental, hoy fuertemente amenazado por intereses multinacionales. El creciente interés de las comunidades por conocer la problemática de la mina La Colosa en Cajamarca y la responsabilidad de la sociedad civil amerita todo nuestro respaldo.
En esto estamos comprometidos. Y para no dejar de escribir, tenemos la voluntad de sacar adelante un proyecto editorial que registre el momento histórico que estamos viviendo.
Ibagué, 17 de noviembre de 2010
En busca de Bolívar
Mientras el reconocido escritor William Ospina nacido en Padua, Tolima, culmina la trilogía con su obra “La Serpiente sin ojos”, luego del éxito de Ursúa y el País de la Canela, el Grupo Editorial Norma nos acaba de entregar su libro “En busca de Bolívar”.
Aun cuando desde la universidad tuve acceso al conocimiento de este hombre excepcional, a raíz de una ópera apoyada por el entonces presidente Belisario Betancur y escrita por el músico Francisco Zumaqué con motivo del bicentenario del natalicio del Libertador, este nuevo libro de William Ospina nos aproxima a la dimensión de un hombre que cambió para siempre el curso de la historia de los países enclavados en el corazón de la cordillera de los andes.
Hechos poco conocidos en la vida de Bolívar como su adolescencia en los jardines de la corona española, su formación aristocrática, su temprano matrimonio y la muerte intempestiva de su esposa María Teresa, su vida de bohemio en Paris y la fiebre de la revolución francesa, el contrato social de Rosseau, su admiración por el advenimiento de Napoleón como emperador que marcaba el fin de la monarquía y el nacimiento de La República, pero a la vez su visión crítica por la concentración del poder absoluto.
También en Paris la fuerte influencia que ejerció en él Alexander von Humboldt, quien hacia 1804 regresaba de América luego de un viaje de cinco años de investigaciones por México, Cuba, la nueva España, Venezuela, la Nueva Granada, la provincia de Quito y el Virreinato del Perú. El profundo conocimiento que este hombre sabio le permitió al joven Bolívar aproximarse desde Europa a la realidad de una América donde la riqueza y la exuberancia de la naturaleza confirmaban una vez más estar ante la presencia de un mundo nuevo.
Y otra vez en París en el reencuentro con su “maestro revolucionario” Simón Rodríguez, quien a partir de ese instante se consagró y “tomó aquella arcilla que aún no secaba y la sometió otra vez al rigor de sus manos”. Su larga y penosa travesía por los Alpes hasta llegar a Italia y su juramento de rodillas en el monte Sacro donde juró romper “…las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”.
Vendrían años de sucesivas derrotas, de destierros por el Caribe, de traiciones y de peligros, antes de que la causa por la libertad tomara el rumbo con el que se selló nuestra independencia. Una libertad, todavía inconclusa.
Ibagué, septiembre 24 de 2010
Aun cuando desde la universidad tuve acceso al conocimiento de este hombre excepcional, a raíz de una ópera apoyada por el entonces presidente Belisario Betancur y escrita por el músico Francisco Zumaqué con motivo del bicentenario del natalicio del Libertador, este nuevo libro de William Ospina nos aproxima a la dimensión de un hombre que cambió para siempre el curso de la historia de los países enclavados en el corazón de la cordillera de los andes.
Hechos poco conocidos en la vida de Bolívar como su adolescencia en los jardines de la corona española, su formación aristocrática, su temprano matrimonio y la muerte intempestiva de su esposa María Teresa, su vida de bohemio en Paris y la fiebre de la revolución francesa, el contrato social de Rosseau, su admiración por el advenimiento de Napoleón como emperador que marcaba el fin de la monarquía y el nacimiento de La República, pero a la vez su visión crítica por la concentración del poder absoluto.
También en Paris la fuerte influencia que ejerció en él Alexander von Humboldt, quien hacia 1804 regresaba de América luego de un viaje de cinco años de investigaciones por México, Cuba, la nueva España, Venezuela, la Nueva Granada, la provincia de Quito y el Virreinato del Perú. El profundo conocimiento que este hombre sabio le permitió al joven Bolívar aproximarse desde Europa a la realidad de una América donde la riqueza y la exuberancia de la naturaleza confirmaban una vez más estar ante la presencia de un mundo nuevo.
Y otra vez en París en el reencuentro con su “maestro revolucionario” Simón Rodríguez, quien a partir de ese instante se consagró y “tomó aquella arcilla que aún no secaba y la sometió otra vez al rigor de sus manos”. Su larga y penosa travesía por los Alpes hasta llegar a Italia y su juramento de rodillas en el monte Sacro donde juró romper “…las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”.
Vendrían años de sucesivas derrotas, de destierros por el Caribe, de traiciones y de peligros, antes de que la causa por la libertad tomara el rumbo con el que se selló nuestra independencia. Una libertad, todavía inconclusa.
Ibagué, septiembre 24 de 2010
Un acto de generosidad política
Los miles de ibaguereños que amamos esta ciudad quisiéramos, ahora que se avecinan las próximas elecciones, que en un acto de generosidad franco y abierto la dirigencia política regional se reuniera a pensar cómo contribuir a cambiar el rumbo de la capital tolimense. No es difícil. Es posible hacerlo si todos deciden abrir la puerta de su voluntad para mirar el futuro. Para pensar que ustedes mismos, señores dirigentes, saldrían políticamente beneficiados porque su liderazgo se fortalecería socialmente. Está probado que los cambios se inician desde el mismo momento en que se decide colectivamente empezar a construirlos.
No es utópico soñar que por primera vez, de manera excepcional, representantes de todos los partidos, depusieran sus intereses particulares, cancelaran su cotidiano y tradicional ejercicio de cálculo político, trasegaran por una senda que invitara al cambio y a la renovación de las antiguas costumbres y suscribieran un pacto para seleccionar un candidato cívico de la más alta calificación ética y moral en el que se reflejaran los más puros anhelos de esta sufrida sociedad local.
Basta no más pensar que los principales problemas de esta ciudad no se han resuelto; que Ibagué no tiene claros grandes y ambiciosos proyectos; que cada día se agiganta la pauperización de las clases menos favorecidas; que la seguridad es una seria amenaza para la convivencia ciudadana; que no existe un proceso de industrialización sostenido; que la ciudad ha sido gobernada aun en la actualidad por alcaldes menores carentes de una visión más allá de sus cuatro años de mandato; que hay una pobre interlocución con las instancias nacionales; que no hay una estrategia para tender puentes de cooperación internacional y que la gestión cotidiana de gobierno se concentra en pequeñas inauguraciones y actos de ínfimo impacto.
Por eso miles de ibaguereños soñamos con un hombre o una mujer dispuesto (a) a desencadenar nuevos liderazgos; con un ibaguereño que se rodee de la dirigencia para la ejecución de una apuesta política de cambio social, económico, cultural y deportivo; con un aspirante que convoque las fuerzas vivas para construir una nueva Ibagué; con alguien que presente una hoja de vida intachable, que sepa lo que significa una gerencia y que haya hecho aportes valiosos a la sociedad; y con un líder comprometido en seleccionar un grupo ejecutivo de altísima capacidad y probada formación ética y moral.
Si hay generosidad política podría ocurrir un milagro. Si no, entonces que entre el diablo y escoja.
Ibagué, 10 de septiembre de 2010
No es utópico soñar que por primera vez, de manera excepcional, representantes de todos los partidos, depusieran sus intereses particulares, cancelaran su cotidiano y tradicional ejercicio de cálculo político, trasegaran por una senda que invitara al cambio y a la renovación de las antiguas costumbres y suscribieran un pacto para seleccionar un candidato cívico de la más alta calificación ética y moral en el que se reflejaran los más puros anhelos de esta sufrida sociedad local.
Basta no más pensar que los principales problemas de esta ciudad no se han resuelto; que Ibagué no tiene claros grandes y ambiciosos proyectos; que cada día se agiganta la pauperización de las clases menos favorecidas; que la seguridad es una seria amenaza para la convivencia ciudadana; que no existe un proceso de industrialización sostenido; que la ciudad ha sido gobernada aun en la actualidad por alcaldes menores carentes de una visión más allá de sus cuatro años de mandato; que hay una pobre interlocución con las instancias nacionales; que no hay una estrategia para tender puentes de cooperación internacional y que la gestión cotidiana de gobierno se concentra en pequeñas inauguraciones y actos de ínfimo impacto.
Por eso miles de ibaguereños soñamos con un hombre o una mujer dispuesto (a) a desencadenar nuevos liderazgos; con un ibaguereño que se rodee de la dirigencia para la ejecución de una apuesta política de cambio social, económico, cultural y deportivo; con un aspirante que convoque las fuerzas vivas para construir una nueva Ibagué; con alguien que presente una hoja de vida intachable, que sepa lo que significa una gerencia y que haya hecho aportes valiosos a la sociedad; y con un líder comprometido en seleccionar un grupo ejecutivo de altísima capacidad y probada formación ética y moral.
Si hay generosidad política podría ocurrir un milagro. Si no, entonces que entre el diablo y escoja.
Ibagué, 10 de septiembre de 2010
Negocio textil debe cambiar
El esfuerzo del sector textil del Tolima, traducido en la segunda versión de la Feria “Ibagué, Maquila y Moda”, ha sido recompensado con la presencia de compradores provenientes de diferentes lugares del país. En una sumatoria de voluntades de los sectores público y privado se ha creado un espacio para fortalecer un renglón con excelentes perspectivas económicas.
A la luz de las urgencias que en materia de generación de empleo tiene el Tolima, vale la pena proponer que la alianza universidad-empresa-estado trace un plan estratégico que permita pensar en un florecimiento textil regional. Proyectos como el del algodón orgánico o el de algodones de colores que ha iniciado Corpoica, sumado a la urgencia de iniciar un proceso de reconversión de la mano de obra orientado al entrenamiento en nuevos sistemas y métodos para desarrollar la confección, harán que sea posible iniciar un nuevo camino. De lo contrario, como lo afirma de manera clara el empresario Federico Artunduaga “si no nos volvemos competitivos, la feria desaparece, no sólo como evento sino con los empresarios confeccionistas y textileros incluidos”.
Desde la perspectiva del empresario Germán Ramos, se requiere profundizar en la cualificación de los compradores para potencializar las posibilidades de negocios. Este será un trabajo para realizar al interior del cluster. Está claro que el éxito de la feria deberá medirse por la presencia de compradores nacionales y por la concreción de negocios.
De otro lado, el denominado “auditorio del conocimiento”, con la presencia de conferencistas de alta calificación nacional e internacional, ha permitido ratificar desde la perspectiva del intelectual y director de Cidetexco Marcos Jara, la necesidad de conocer las tendencias del mercado global para replantear procesos y desarrollar productos innovadores, para reconfigurar las empresas como sociedades anónimas y no como simples negocios familiares, para pensar en nuevos modelos de negocios, para desarrollar nuevas competencias humanas y para trabajar en el desarrollo de nuevos materiales.
El otro reto planteado por Jara es que el Cluster necesita una plataforma tecnológica para conocer megatendencias y nuevos productos y trabajar en llave con instituciones como el Sena, para cambiarle el rumbo al sector. El camino está trazado y hay claridad que sólo desde la complejidad de procesos y solo desde la voluntad de empresarios y dirigentes, se podrá pensar en algo más grande.
Ibagué, 3 de Septiembre de 2010
A la luz de las urgencias que en materia de generación de empleo tiene el Tolima, vale la pena proponer que la alianza universidad-empresa-estado trace un plan estratégico que permita pensar en un florecimiento textil regional. Proyectos como el del algodón orgánico o el de algodones de colores que ha iniciado Corpoica, sumado a la urgencia de iniciar un proceso de reconversión de la mano de obra orientado al entrenamiento en nuevos sistemas y métodos para desarrollar la confección, harán que sea posible iniciar un nuevo camino. De lo contrario, como lo afirma de manera clara el empresario Federico Artunduaga “si no nos volvemos competitivos, la feria desaparece, no sólo como evento sino con los empresarios confeccionistas y textileros incluidos”.
Desde la perspectiva del empresario Germán Ramos, se requiere profundizar en la cualificación de los compradores para potencializar las posibilidades de negocios. Este será un trabajo para realizar al interior del cluster. Está claro que el éxito de la feria deberá medirse por la presencia de compradores nacionales y por la concreción de negocios.
De otro lado, el denominado “auditorio del conocimiento”, con la presencia de conferencistas de alta calificación nacional e internacional, ha permitido ratificar desde la perspectiva del intelectual y director de Cidetexco Marcos Jara, la necesidad de conocer las tendencias del mercado global para replantear procesos y desarrollar productos innovadores, para reconfigurar las empresas como sociedades anónimas y no como simples negocios familiares, para pensar en nuevos modelos de negocios, para desarrollar nuevas competencias humanas y para trabajar en el desarrollo de nuevos materiales.
El otro reto planteado por Jara es que el Cluster necesita una plataforma tecnológica para conocer megatendencias y nuevos productos y trabajar en llave con instituciones como el Sena, para cambiarle el rumbo al sector. El camino está trazado y hay claridad que sólo desde la complejidad de procesos y solo desde la voluntad de empresarios y dirigentes, se podrá pensar en algo más grande.
Ibagué, 3 de Septiembre de 2010
“El espíritu del tiempo”
“Las ideas nuevas y las políticas innovadoras son las que modifican el espíritu del tiempo”. Esta cita que hace María Cecilia Múnera en su libro “Resignificar el desarrollo”, es tomada por ella de un documento presentado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en la “Cumbre de Desarrollo Social en 1995”. Tiene una importancia fundamental a la hora de hablar de desarrollo, porque “ese espíritu del tiempo refleja sin duda la cultura dominante”.
Aquí nos parece que radica el fondo del problema regional. Por décadas el ejercicio de la política, considerado el principal escenario para la toma de decisiones, se ha caracterizado no propiamente por ser un incubador de ideas nuevas y de políticas innovadoras. Ha sido todo lo contrario. Un restringido núcleo que gobierna para sí mismo, que dispone a su antojo de los recursos públicos, que levanta plataformas para su exclusivo beneficio y que ve al Tolima, no como el espacio ideal para construir liderazgos perdurables sino como la hacienda colonial donde hay un capataz con “la sartén por el mango” y una sociedad “fragmentada por intereses sectoriales” incapaz de participar en las decisiones de relevancia regional. Sumémosle a esto la ignorancia generada por la falta de educación, el estado de miseria crónica en que vive la mayoría de nuestro pueblo y la incapacidad mental de nuestra dirigencia de mirar al futuro.
No es fácil modificar este “espíritu del tiempo” que se enquistó en la geografía tolimense. Pasado, presente y futuro no delimitan en esta tierra momentos coyunturales, dinámicas e ideas nuevas. Hemos vivido en un tiempo muerto, como entre una cápsula de materia inerte, dejando pasar los días, los meses, los años y las décadas de nuestra historia sin que colectivamente pase nada. Y la posibilidad de construir un nuevo orden social parece cada vez más lejana. A sabiendas de la repartija local y regional, qué más podemos esperar. Seguir inmersos en el mismo círculo, escuchando los mismos cuentos y creyendo las mismas historias.
Conscientes de la existencia de talento regional nos faltan espacios institucionales que convoquen y canalicen los esfuerzos de miles de tolimenses; que abran caminos de emprendimiento, que no de empleo, a profesionales con ideas nuevas; que la competitividad deje de ser solo un comité consagrado a la ineptitud y a la pereza empresarial; que la innovación florezca en todos los campos de la vida regional; y que las universidades sean verdaderos faros para que germinen proyectos posibles.
Ibagué, 27 de agosto de 2010
Aquí nos parece que radica el fondo del problema regional. Por décadas el ejercicio de la política, considerado el principal escenario para la toma de decisiones, se ha caracterizado no propiamente por ser un incubador de ideas nuevas y de políticas innovadoras. Ha sido todo lo contrario. Un restringido núcleo que gobierna para sí mismo, que dispone a su antojo de los recursos públicos, que levanta plataformas para su exclusivo beneficio y que ve al Tolima, no como el espacio ideal para construir liderazgos perdurables sino como la hacienda colonial donde hay un capataz con “la sartén por el mango” y una sociedad “fragmentada por intereses sectoriales” incapaz de participar en las decisiones de relevancia regional. Sumémosle a esto la ignorancia generada por la falta de educación, el estado de miseria crónica en que vive la mayoría de nuestro pueblo y la incapacidad mental de nuestra dirigencia de mirar al futuro.
No es fácil modificar este “espíritu del tiempo” que se enquistó en la geografía tolimense. Pasado, presente y futuro no delimitan en esta tierra momentos coyunturales, dinámicas e ideas nuevas. Hemos vivido en un tiempo muerto, como entre una cápsula de materia inerte, dejando pasar los días, los meses, los años y las décadas de nuestra historia sin que colectivamente pase nada. Y la posibilidad de construir un nuevo orden social parece cada vez más lejana. A sabiendas de la repartija local y regional, qué más podemos esperar. Seguir inmersos en el mismo círculo, escuchando los mismos cuentos y creyendo las mismas historias.
Conscientes de la existencia de talento regional nos faltan espacios institucionales que convoquen y canalicen los esfuerzos de miles de tolimenses; que abran caminos de emprendimiento, que no de empleo, a profesionales con ideas nuevas; que la competitividad deje de ser solo un comité consagrado a la ineptitud y a la pereza empresarial; que la innovación florezca en todos los campos de la vida regional; y que las universidades sean verdaderos faros para que germinen proyectos posibles.
Ibagué, 27 de agosto de 2010
El desarrollo, una construcción social
Durante años hemos oído hablar en el Tolima de desarrollo. Desde distintos escenarios se ha hecho alusión a un concepto que concentra la esencia de lo que las sociedades deberían lograr. Por ser la política el camino para la administración y el ejercicio del poder, es fundamental que los ciudadanos de una región sean conscientes de lo que significa su participación en las decisiones políticas que comprometen su futuro.
La tradición ha sido que unos pocos, los que acceden al poder, sea político o económico, son quienes toman las decisiones. Lo malo no es la decisión en sí misma. Lo grave es que en este departamento no se han tomado buenas decisiones. Para la muestra un botón: Somos una región pobre, oh ironía, con inmensos recursos; nuestros niveles de pobreza rayan en el absurdo; el acceso a una educación liberadora, es decir, que capacite para el trabajo y para la construcción de oportunidades, no la vemos por ningún lado; nuestras preocupaciones siempre se han concentrado en el crecimiento, expresado en obras de infraestructura y pavimentaciones, porque ni siquiera las necesidades básicas han sido satisfechas; y lo peor, no somos conscientes, y no sabemos lo que significa el potencial ambiental de esta región y su enorme biodiversidad. Por esa percepción equivocada creemos que recursos naturales no renovables como el de La Colosa los debe explotar una multinacional, así acabemos con medio departamento. A esto se suma una carencia crónica de identidad que nos impide apostarle al desarrollo de proyectos incluyentes, colectivos y de unidad regional.
Por eso sería interesante que en el debate político que se avecina escuchemos de los proponentes reflexiones concretas sobre lo regional y lo local. Hablar de desarrollo, como lo afirma María Cecilia Múnera “es aludir a un potencial que está ahí, en el ser, pero, a la vez, a una posibilidad de realización, de concreción de esas posibilidades”. En esencia, a lo que el desarrollo alude es a que debe ser una construcción social, que haga uso de las potencialidades y del talento que existen.
Es innegable que en el Tolima hemos llegado a un grado de saturación en donde la credibilidad de quienes ejercen la política tradicional colapsó. Osvaldo Sunkel y Pedro Paz consideran que “el desarrollo exige transformaciones profundas y deliberadas, cambios estructurales e institucionales…” que nos permitan colectivamente entender el pasado, asumir con responsabilidad el presente y planificar con generosidad el futuro. Próxima entrega: “El espíritu del tiempo”.
Ibagué, 13 de agosto de 2010
La tradición ha sido que unos pocos, los que acceden al poder, sea político o económico, son quienes toman las decisiones. Lo malo no es la decisión en sí misma. Lo grave es que en este departamento no se han tomado buenas decisiones. Para la muestra un botón: Somos una región pobre, oh ironía, con inmensos recursos; nuestros niveles de pobreza rayan en el absurdo; el acceso a una educación liberadora, es decir, que capacite para el trabajo y para la construcción de oportunidades, no la vemos por ningún lado; nuestras preocupaciones siempre se han concentrado en el crecimiento, expresado en obras de infraestructura y pavimentaciones, porque ni siquiera las necesidades básicas han sido satisfechas; y lo peor, no somos conscientes, y no sabemos lo que significa el potencial ambiental de esta región y su enorme biodiversidad. Por esa percepción equivocada creemos que recursos naturales no renovables como el de La Colosa los debe explotar una multinacional, así acabemos con medio departamento. A esto se suma una carencia crónica de identidad que nos impide apostarle al desarrollo de proyectos incluyentes, colectivos y de unidad regional.
Por eso sería interesante que en el debate político que se avecina escuchemos de los proponentes reflexiones concretas sobre lo regional y lo local. Hablar de desarrollo, como lo afirma María Cecilia Múnera “es aludir a un potencial que está ahí, en el ser, pero, a la vez, a una posibilidad de realización, de concreción de esas posibilidades”. En esencia, a lo que el desarrollo alude es a que debe ser una construcción social, que haga uso de las potencialidades y del talento que existen.
Es innegable que en el Tolima hemos llegado a un grado de saturación en donde la credibilidad de quienes ejercen la política tradicional colapsó. Osvaldo Sunkel y Pedro Paz consideran que “el desarrollo exige transformaciones profundas y deliberadas, cambios estructurales e institucionales…” que nos permitan colectivamente entender el pasado, asumir con responsabilidad el presente y planificar con generosidad el futuro. Próxima entrega: “El espíritu del tiempo”.
Ibagué, 13 de agosto de 2010
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