El tema de la gobernabilidad en Ibagué se ha vuelto cada vez más preocupante. Más de un año de administración del alcalde Chucho Botero y aún no se perciben síntomas de que la ciudad vaya por un camino seguro. Los cada vez más recurrentes reclamos de algunos sectores de opinión; los comentarios de actores sociales que no ven cambios sustanciales que nos permitan concluir que vamos a mejorar en el inmediato futuro; el ya crónico problema del tránsito municipal que nos da la idea de que vivimos en una ciudad premoderna donde el irrespeto a los peatones y a las normas de tránsito se volvieron el pan de cada día; la creciente ola de inseguridad que ratifica la sensación de que esta es una ciudad donde se cocina desde hace tiempo una incontenible bomba social; y la ausencia de un liderazgo capaz de dirigir un equipo de trabajo sintonizado con los intereses de la ciudad, nos permiten concluir que la alcaldía de Ibagué carece de una carta de navegación.
Como el barco que va a la deriva, la administración corre serio peligro se estrellarse y de paso frustrar la esperanza de miles de ibaguereños. No basta que se haya comprometido un plan de desarrollo, ni el eslogan de que “Ibagué está primero”, ni la mayoría en el Concejo Municipal, ni que en las reuniones de los barrios el gobierno exprese con optimismo de que todo marcha bien. No nos digamos mentiras porque quien pierde es la ciudad.
Lo que quiero reiterar es que no basta la buena voluntad del señor Alcalde si esta no se combina con una eficiente gestión. El foro organizado en Bogotá por la revista Poder, demostró que sí hay capacidad de convocatoria pero esta no se puede diluir en discursos que siguen aplazando las necesidades urgentes. La percepción es que no sabemos para dónde va la ciudad. Problemas como los servicios públicos siguen sin resolverse. Hablemos solamente de la energía con la que es imposible asegurar la competitividad empresarial. En este aspecto no ha habido ninguna gestión de fondo. Otro tema evidente del foro es que no hay los suficientes empresarios interesados en invertir en la ciudad.
De no asumir correctivos urgentes en seguridad, en educación, en tránsito, en malla vial y en generación de empleo; de no retomar el liderazgo en la administración para saber al detalle cómo se están contratando los recursos públicos; de no otorgar plenas responsabilidades a la oficina de Control Interno para que verifique precios reales de compras de productos que se requieren; de no exigirle a la Contraloría Municipal un seguimiento detallado a la contratación pública y de no abrir espacios para que intervengan actores diferentes a lo que comúnmente se llama el “comité de aplausos”, este gobierno podría equipararse al final con la fantasmal administración del exalcalde “Rubencho”.
Ibagué, 27 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario