El engrase

Camino a China en octubre de 2006, en el largo vuelo de quince horas y media entre Nueva York y Hong Kong, un amigo me prestó un libro que resultó maravilloso: La Tierra es Plana, de Thomas Friedman. Quiero destacar de esa lectura un hecho que me llamó especialmente la atención. Cuenta el autor que un hijo de inmigrantes hindúes residenciado en Estados Unidos y luego de haber realizado un doctorado en informática en la universidad de Harvard, y de haber creado una exitosa empresa de software, decidió un día regresar a India, el país de sus padres.

Su propósito era uno: Contribuir con su trabajo y su experiencia a cambiar su país. Para ello pensó que el camino para construir un futuro posible sería creando una escuela de periodismo. Los periodistas, creía, están llamados con sus opiniones y su poderosa influencia a transformar la sociedad.

Tomo este ejemplo para ilustrar el reciente episodio sucedido con un periodista de radio local, quien en una supuesta representación de una empresa de apuestas, ofreció telefónicamente al director de un noticiero de radio un dinero extra de un millón de pesos, “un engrase” lo llamó, para publicar ciertas informaciones que favorecerían a la mentada compañía. Me pareció valerosa la respuesta del director de noticias al negarse de manera tajante a recibir la supuesta coima y a facilitar su espacio radial para manipular noticias orientadas a la defensa de intereses particulares. Si actitudes como ésta de verdadera independencia y de respeto hacia lo que García Márquez llamó “el oficio más bello del mundo”, la asumieran algunos periodistas locales y directores de medios, las posibilidades de cambio y de renovación social serían posibles.

Parte de la tragedia que nos tiene sumidos en el atraso es que el periodismo está mal remunerado por cuenta de los dueños de los medios y, por ello, a algunos periodistas les toca negociar informaciones por cuñas para sobrevivir, abrirle el micrófono al poder de turno y a gerentes de empresas que negocian la defensa de sus intereses al precio que sea. Supe de una conocida multinacional que ha enviado regalos, ha patrocinado “encuentros de integración” en discotecas y centros vacacionales, ha pagado desayunos y almuerzos y ha programado tures dominicales con periodistas, y lo seguirá haciendo de forma sistemática, todo para seguir mintiéndole al Tolima hasta cuando su objetivo final se cumpla.

Pienso ahora en los estudiantes de periodismo y en el mundo engrasado que deberán enfrentar.
Ibagué, 8 de mayo de 2009

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