El economato

Dicen los cronistas que ante la grave crisis social por la que atravesaba San Bonifacio de Ibagué del Valle de las Lanzas, otrora floreciente villa comercial, el Alcalde decidió crear un economato para que los lugareños tuvieran acceso a los productos de primera necesidad a precios más baratos que los de las tiendas ubicadas alrededor de la Plaza de Bolívar.

No importa que no haya empleo con tal que la gente pueda comer, pensaba el burgomaestre local. Así disminuiría la presión de los primeros vendedores ambulantes que con sus carretas impedían diariamente el paso de los caballos, las mulas y los bueyes que llegaban a la plaza a calmar su sed en el abrevadero.

Aunque la medida del economato pareció buena al comienzo, los dueños de las haciendas no quisieron jalarle a lo que se convirtió con el tiempo en un “calentao”, debido a que los productos llegaban al almacén y en lugar de venderlos al contado se entregaban fiados por diez veces su valor inicial y aunque tiempo después el Estado Soberano del Tolima otorgó un millonario crédito a la Alcaldía para restablecer el economato, los dineros se desviaron para otros menesteres.

Esta situación agravó la crisis local a tal punto que hasta en las casas de reconocidos ciudadanos se empezaron a controlar las raciones diarias de comida. Una querella de una empleada de servicio dio cuenta en la comisaría que estaba aguantando física hambre porque su patrón le entregaba menos una barra de chocolate para el desayuno y menos un huevo del gallinero, las papas contadas para el almuerzo y menos una porción de costilla para la comida, de modo que a ella no le quedaba ni la sustancia del hueso. Otra querellante se quejó porque en su lugar de trabajo los patrones, que muy de vez en cuando ordenaban preparar un sancocho de gallina criolla, ese día le prohibían comerse siquiera un ala por aquello de que por ser campesina ya debía haberse comido todas las alas para poder volar. Y un maestro de construcción también se quejó porque en la casa de la patrona no le dejaban ni oler el tinto con pan y con hambre nadie puede trabajar.

Así se fue deteriorando tanto la situación social que patrones de todas las pelambres y ciudadanos de todas las condiciones decidieron aspirar al primer cargo municipal para manejar a su antojo los dineros de los impuestos y los créditos de los nacientes agiotistas.
Ibagué, 5 de junio de 2009

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