Una Cámara sin rumbo

La inestabilidad institucional, la ausencia de un plan estratégico, la pugnacidad interna, el protagonismo mezquino y la falta de sintonía con los intereses de los empresarios y de los comerciantes, han hecho de la Cámara de Comercio de Ibagué el único gremio local que en los dos últimos años ha tenido cuatro presidentes ejecutivos.

En estas condiciones una institución que debe velar en forma permanente por el interés público, no ha logrado enviar los mensajes alentadores que la sociedad espera. Más en una ciudad en la que el liderazgo municipal está refundido entre la maraña de una gestión pública inoperante, entre la parsimonia de una burocracia privada dedicada solo a tramitar pequeños contratos y entre la confusión y el oportunismo de algunos miembros de la junta directiva que al parecer olvidaron la misión encomendada por quienes delegaron en ellos su voto.

Preocupa que el gremio de gremios del Tolima venga de capa caída y no retome el compromiso que reclaman sus afiliados. Incluso se corre el riesgo de regresar a las recientes épocas de ingrata recordación cuando, a manera de ejemplo, se podría decir que de diez contratos y convenios de la Cámara de Comercio, once se firmaban con una corporación universitaria.

Como el peligro es latente, hoy más que nunca se requiere que los miembros de la junta adopten una decisión que desborde incluso sus propios intereses. Que acepten la idea de un pensamiento alternativo. Que permitan construir desde la diferencia. Que haya claridad en torno a un plan estratégico. Que se respete el fuero del presidente ejecutivo. Que la junta acompañe, no que gobierne. Que trace en concertación con los actores sociales y políticos un plan de trabajo para el área de su influencia. Que mire al futuro. Que adopte los buenos ejemplos de otras Cámaras de Comercio y que construya un proyecto de cooperación internacional para beneficiar a los empresarios como los auténticos gestores del desarrollo.

Como ahora los ojos de la ciudad están en la decisión de la junta, es la última oportunidad antes de que termine su período para que ayuden a corregir el rumbo. De no hacerlo, el tiempo se encargará de pasarles una costosa cuenta de cobro. Para ello, el perfil del nuevo presidente ejecutivo deberá desbordar intereses políticos o gremiales para que se ubique por encima del bien y del mal, con una clara filosofía y con la concepción del Tolima que todos anhelan construir.
Ibagué, 3 de julio de 2009

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