A esa hora del mediodía en el parque, en una de las liturgias de Semana Santa, Carmen (nombre cambiado), acompañada de su esposo y con sus hijos de 6, 4 y 2 años, se esmera por vender 50 guayabas manzanas que tiene bien acomodadas en su carretilla.
El cuadro de miseria que se dibuja en el rostro de la familia es patético. Los niños están vestidos con harapos, andan descalzos, sucios y se refleja en ellos la malnutrición. El padre, de unos 25 años, tiene puesta sobre su humanidad una muda de ropa envejecida y la blusa de Carmen no alcanza a taparle la barriga que le delata por lo menos siete meses de embarazo.
En ese momento timbra su celular… -Sí mamá, le dice Carmen: la semana entrante le pago los servicios públicos, es que no me han dado una plata que me deben, no se preocupe que yo siempre le he cumplido-. Luego de un instante de silencio replica: -Sí mamá, ya estamos buscando una pieza para irnos a vivir, tranquila que yo le desocupo a más tardar en quince días… sí mamita linda, muchas gracias por su apoyo y esté tranquila que yo estoy trabajando juiciosa, y cuente con la plata para la otra semana. Chao…-. Con rostro de desconsuelo le dice a su esposo: -no sé qué vamos a hacer, tenemos que buscar una pieza dónde vivir-.
Mientras estuvimos quince minutos con Juan Manuel sentados en la orilla del andén, Carmen vendió tres guayabas manzanas a quinientos pesos cada una. Si le iba bien ese día tendría una venta total de 25 mil pesos. Restándole el valor de las frutas y el pago diario del crédito gota a gota, a la familia de Carmen le quedarían libres ese día unos diez mil pesos para pagar la comida, el arriendo de la pieza donde viven y los servicios públicos.
En estas condiciones de ignorancia y de miseria, de inequidad y de injusticia social, de desplazamiento y de olvido, en el que viven miles de familias tolimenses y millones de colombianos, pregunto, ¿dónde está el desarrollo; en qué queda la gestión de tantos políticos ineptos y corruptos que gobiernan y legislan para su beneficio personal y el de sus amigos?.
El problema es que los políticos hablan mucho. Prometen y se comprometen. Y lo que vemos es que no hay un modelo de desarrollo que apunte a resolver las inequidades manifiestas en la miseria. Vamos para ninguna parte.
Ibagué, 9 de Abril de 2010
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2 comentarios:
Quien los entiende, ponen esta historia de la pobre familia que esta muriendo de hambre y necesidades, y colocan otro artículo criticando a la empresa Anglogold, que ha generado empleo y un dinamismos económico en el municipio de Cajamarca, aún en familias que estaban en condicciones como las en este artículo descritas. al fin que será blanco o negro?
estoy de acuerdo con el comentario anterior, exponen la terrible situación de esta familia, en esa situación hay muchas en colombia, desafortunadamente estamos en un país donde a nuestra clase dirigente no le importa esto ni procurar el bienestar de nuestro pueblo, entonces toca aprovechar a las oportunidades que dan estas empresas para que no pase lo de la familia de este artículo, eso si estando pendientes que cumplan con los lineamientos ambientales.
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