Ahora que las miradas de la política se concentran en las regiones para elegir gobernadores y alcaldes, no deja de llamar la atención la manera como se reproduce el viejo esquema de lo que se denomina el liderazgo político. Todo apunta a quién o quiénes tomarán las riendas del poder regional. Un tejido donde confluyen los más variados intereses, la mayoría de los cuales están lejos de definir lo que significaría construir un pacto colectivo.
Si miramos atrás, el ejercicio político regional se ha levantado siempre con base en cacicazgos y caudillismos. Hay en nuestra historia pocos ejemplos enaltecedores de movimientos sociales capaces de contribuir a la transformación de nuestra sociedad. Sí ha abundado, en cambio, la falsa retórica, esa que engaña y confunde, esa que levanta ídolos de barro, esa que construye templos para endiosar personalidades empobrecidas y degradadas moralmente, esa que enriquece a una élite privilegiada a costa de la pobreza de un pueblo ignorante e ignorado, que va a elecciones en busca de un horizonte que lo libere del fango y la miseria. ¿Con qué cara van a esos barrios humildes y a esos pueblos olvidados y a esas veredas incomunicadas a prometer imposibles sin siquiera sonrojarse, a sabiendas que una vez en el poder se olvidarán de los barrios, de los pueblos y las veredas y concentrarán sus días en lo que hemos llamado el oscuro cabildeo que sólo reporta exclusivos beneficios personales?
Por eso quienes han hecho la política nunca han trascendido más allá del mapa regional. Y pocos son los que han logrado ganarse un puesto en la historia. La maraña del poder local los ha consumido. A punta de egos inflados, de billeteras abultadas, de placeres desenfrenados y de inciensos mal quemados, se ha desvanecido la esperanza regional.
¿Quién de los que aspiran a los cargos de elección popular, estaría dispuesto a liderar un movimiento regional y local que interprete los más profundos anhelos del pueblo tolimense?; ¿quién siente que es capaz de forjar la creación de un pacto colectivo incluyente que agrupe a la sociedad en torno al qué hacer y a cómo enfrentar el futuro?; ¿quién quiere ser el vocero de una visión que promueva el desarrollo, multiplique las oportunidades, combata la pobreza y el desempleo, irradie salud y bienestar, proyecte al Tolima y a Ibagué hacia la conquista de escenarios nuevos, aproveche el talento regional y haga buen uso de los recursos públicos? Que responda el lector.
Ibagué, 30 de julio de 2010
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