El saqueo municipal

Cuando es la ignorancia y la politiquería la que gobiernan, el resultado no puede ser más desolador. Según informó Tolima 7 días cinco municipios y en peligro otros treinta, es decir el 74%, dejarían de ser entes con autonomía administrativa, y voceros de la tan mentada descentralización, para convertirse en olvidados corregimientos del Tolima.

Imaginemos por un momento un departamento con apenas doce municipios. Sería como volver al Egipto de las siete plagas: desconocimiento nacional, anarquía política, saqueo electoral, corrupción insospechada, fortalecimiento gamonal, más pobreza y más desempleo.

Que el presupuesto de municipios tan marginados como Planadas se destine para pagar cuentas escandalosas de celulares de secretarías ineptas; que los recursos de un municipio tan arrastrado como Dolores se dedique para pagar falsos viáticos a una colmena de zánganos; y que el dinero de los ciudadanos se desvíe en Armero-Guayabal, en Guamo y en Natagaima para el derroche en fiestas y celebraciones, da cuenta del rezago político tan profundo en el que nos encontramos.

En estas condiciones, qué carajo vamos a tener un departamento con futuro. Pregunto, ¿dónde estaban por entonces las contralorías y las procuradurías? Seguramente en actos sociales al mejor estilo de Marianito. ¿Dónde estaba por entonces el exgobernador Osorio y su corte? Seguramente perfeccionando los convenios con la Universidad del Magdalena y con Aguas del Huila. ¿Dónde estaban por entonces los jefes políticos de esos alcaldes corruptos? Seguramente en el Senado y en la Cámara sentados esperando contestar el llamado a lista, o en algún Ministerio, o Instituto Descentralizado, afanados buscando más recursos para sus municipios, para así asegurar su siguiente reelección. ¿Dónde estaban por entonces los Concejales de esas alcaldías? Seguramente esperando al Alcalde frente al palo de mango para pedirle el nombramiento de una secretaria, de un conductor de volqueta, o de una maestra rural.

Hoy se muestran asombrados, casi a punto de rasgarse las vestiduras, con lo que sería una hecatombe regional. Perderían el título de pequeños caciques de pueblo y pasarían nuevamente a ser indios, doblegados a los intereses del nuevo encomendero proveniente del sur. En Ibagué, mientras tanto, seguiremos sin parpadear las conferencias bien pagadas a Antanas Mockus sobre cultura ciudadana y de Sergio Fajardo, y el Comité de Gremios Económicos almorzará con el nuevo Presidente del Senado, y escucharán a viva voz sus propuestas y los aplaudirán sobre la Colombia que ellos están soñando. Y luego vendrán los presidentes de la Andi y de Fenalco, a informar en sus asambleas locales de sus gestiones ante el gobierno nacional para bajar la tasa de cambio, promover la reconversión productiva y sostener el empleo. A lo mejor vengan los Reyes de España o su delegado al bicentenario de Mutis. Y ese sí sería el clímax. Y seguiremos vendiendo políticamente la región a quien ya piensa llevarse en la próxima contienda quince mil votos.

¡Tranquilos tolimenses, sigamos durmiendo, aquí no ha pasado nada!
Coletilla: Comparto y felicito a Alvaro Cuartas Coymat por su artículo “El roscograma gremial”. Esta visión nos ayuda a gestar una corriente de indignación regional, caracterizada y consciente de su responsabilidad con el futuro. Lo que se escucha a gritos es que el Tolima merece una mejor suerte. Recoger ese sentimiento y con voluntad exigir la renuncia de manidos liderazgos, es una tarea a emprender en las instituciones. De no hacerlo, el látigo golpeará cada vez más duro sus espaldas.
Ibagué, 28 de agosto de 2008

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