Parte del mal que padecemos es que durante décadas venimos escuchando el mismo disco rayado de la dirigencia local. Eso es lo aburrido, eso es lo monótono, que justamente no hay un discurso plural, edificante, un discurso que construya pensando en el sentimiento colectivo, en el desarrollo. Es más bien un discurso para mantener el actual estado de cosas en el que una minoría se mueve a sus anchas por los presupuestos oficiales, con los gobernadores y los alcaldes de turno, y por el alto gobierno, en búsqueda de recursos para mejorar su margen de maniobra empresarial.
Eso no es malo de por sí. A quién no le va a gustar que las empresas crezcan, se enriquezcan, generen utilidades. Lo malo es que su acción se concentre en el estrecho círculo de los intereses privados. Es obvio que a los empresarios les corresponde una alta dosis de responsabilidad social, que debe proyectarse a través de la acción gremial. Si no es así, entonces los gremios no están cumpliendo la función que les compete, que debe ser velar por los intereses de sus agremiados.
Digo esto porque supe del largo discurso informal de un dirigente que ha ocupado en muchas ocasiones la presidencia del Comité de Gremios Económicos del Tolima. Aludía el expresidente a su interlocutor, a manera de diagnóstico y con espíritu muy optimista, que el Tolima estaba pasando actualmente por un momento excepcional. Es increíble, decía, la cantidad de obras de infraestructura que se están haciendo. Y se despachó con el rosario de megaproyectos: la doble calzada para ir en dos horas a Bogotá; el Triángulo del Tolima (que según dicen va a producir 80 mil toneladas de alimentos a partir del año 2020, y con esa cantidad de comida por fin se va a acabar el hambre en el Tolima); el túnel de la línea que nos va a servir para acercarnos al pacífico, todavía no sabemos para qué, pero bueno; la ampliación del aeropuerto Perales, el aeropuerto alterno en Flandes, el Centro Logístico de Carga, la vía férrea hasta la Dorada, el acueducto alterno, los biocombustibles, la variante de Picaleña, el nuevo centro de exposiciones de Fexpo, etc., etc., etc.
Lo que el interlocutor nunca escuchó del expresidente, era si el Tolima tiene una estrategia educativa de largo plazo, distinta a apagar los incendios de las instituciones educativas locales por falta de maestros, si tiene una visión compartida de futuro como región distinta al documento restringido que circula por ahí, si el deporte en todas sus manifestaciones algún día va a tener una prioridad distinta a mejorarle el estadio al exsenador Camargo (a quien todos llaman Senador), si las letras y las artes algún día van a ocupar un lugar privilegiado bajo este cielo, si la generación de empleo va a salir algún día de los análisis del Observatorio del Empleo para convertirse en una realidad tangible, si las universidades están formando los profesionales que necesita la región, si hay una política de vivienda de interés social y si colectivamente se discuten las prioridades que el Tolima requiere.
Como el expresidente no hizo referencia a estos interrogantes, seguiremos condenados por siempre a escuchar el monótono discurso dirigencial.
Ibagué, septiembre 4 de 2008
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