Es octubre del año 2022...

Hace varios días llueve torrencialmente. Los barrios aledaños al río Combeima se encuentran inundados y algunos colegios están repletos de damnificados. A pesar de la tragedia, el alcalde disfruta de su segunda luna de miel y al final de su gobierno, no hay quién responda en la alcaldía por la emergencia. Un cielo lúgubre envuelve al Tolima. La ayuda nacional no llega. Los ancianos, las mujeres y los niños son los más afectados. Un ejército de desocupados deambula por la carrera tercera, por donde casi no se puede caminar pues los informales han invadido el espacio público. El invierno desnudó las carencias para atender la emergencia. Más que las siete plagas le han caído a Ibagué y al Tolima.

El conflicto armado que no cesa, desarraigó de sus parcelas a miles de familias. El cinturón de miseria ha crecido dramáticamente y el desempleo alcanza índices cercanos al de los países más pobres de Africa. Como en Ibagué se concentra más del sesenta por ciento de la población, las montañas y llanuras son un territorio inhóspito. La erosión ha carcomido buena parte de la cordillera y de los pocos ríos caudalosos, se observan hoy en la distancia diminutos hilos de agua que abastecen a las pequeñas poblaciones. Por su inviabilidad financiera para pagar los gastos de funcionamiento, quince municipios pasaron a ser corregimientos. Adicionalmente, el Tolima es un departamento de quinta categoría. Hay sí un aceitado cartel de contratistas que desde las campañas se la juegan a fondo con el candidato ganador, ya que la tasa interna de retorno ha llegado a ser mil veces superior a su inversión inicial. En ningún otro sector se obtienen rentabilidades tan jugosas. De ahí la encarnizada pelea por el echarle mano al ponqué.

La política local está que arde. Las tipografías en turnos de veinticuatro horas imprimen un millón de afiches para más de mil candidatos a la alcaldía, a la gobernación, al concejo y a la asamblea del Tolima. Esta abundancia de listas no ha sido porque se ha fortalecido la democracia si no debido a la ausencia de oportunidades de empleo regional y a la falta de formación empresarial, lo que ha llevado a que muchos quieran ser candidatos para acceder al manejo de los recursos públicos. Una guerra verbal se ha desatado por los medios de comunicación, en donde senadores y representantes se acusan mutuamente por actos de corrupción, unos tildan a los otros de traidores y lentejos, y los candidatos a alcaldía y gobernación, se quejan por el marcado sesgo de las administraciones de turno apoyando de manera descarada al pupilo de su preferencia. Los noticieros le hacen el juego a la coyuntura y el que no llegue con la plata en la mano, no puede publicar sus cuñas y avisos.

Aunque sigue siendo escasa la oferta de empleo, en el sector económico ha habido cambios sustanciales gracias a un nuevo grupo de empresarios que ejercen un productivo liderazgo regional, se asoman con más agresividad en los mercados nacionales e internacionales y han propiciado una dinámica innovadora. A ellos les corresponde cambiar los escenarios de discusión intersectorial debido al arraigo de esa especie de patria boba local en que estuvo sumido el Tolima quince años atrás. Merece reconocimiento una fundación concentrada en el cuidado y apoyo a los niños, trabajando de la mano con Unicef y canalizando la ayuda de algunos países. Sólo por esta vía y con una política clara de largo plazo, el Tolima soñará con el futuro posible que espera de tiempo atrás.
Ibagué, 9 de octubre de 2007

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