¿Hay con quién hacer siquiera un caldo?

Un fenómeno cultural se replica en el Tolima de manera inconsciente. Algo de fondo nos impide avanzar, así compartamos una historia común de atraso, violencia y olvido. Hay talante para el emprendimiento pero nos da miedo arriesgarnos. Pareciera que en esta tierra no hay con quién hacer siquiera un caldo.

Pregunto qué ocurrió en la infancia de quienes asumieron la dirección política, económica y social. ¿Acaso fueron maltratados, desatendidos o arrinconados?¿O será que la sociedad los corrompió? ¿En qué momento perdieron la grandeza, si es que algún día soñaron con ella? Y hago estas preguntas, porque veo en algunos de estos dirigentes, una reiterada alusión a la minucia y a la ofensa. Como si no hubieran aprendido otra cosa. Escuché pasmado decir hace unos días a un “líder” que aquí somos estúpidos, ignorantes y corruptos. Otro dijo que sentía asco cargar en el bolsillo el carné del partido liberal. Otro vociferó por radio, enalteciendo sus acciones y descalificando a su contradictor. Es una guerra diaria sin principio ni final y de bajo perfil. Es una pelea que no sugiere, no convoca y no llama. Y hacia la base de la pirámide, el discurso carente de sentido y la réplica del mal ejemplo envuelve al resto de la sociedad.

En el plano empresarial pasa lo mismo. Si es una convocatoria para propiciar inversión, quienes deben contribuir con aportes significativos en capital de riesgo, participan con sumas de dinero tan modestas que escasamente alcanzaría la plata para abrir una panadería de barrio. En el Tolima la inversión no fluye como en otras regiones. Así somos y así nos acostumbramos. Este es el problema mayor. Hacemos tan poco para consolidar un desarrollo sostenido y vivimos concentrados en peleas y en trivialidades tan mezquinas, que de seguro algo le sucede a nuestro cerebro. Agreguémosle la incapacidad de escucharnos, pues siempre traemos conferencistas, consultores y expertos de otras partes. Como si creyéramos que aquí somos tarados e incapaces de proponer.

No creo difícil afirmar que carecemos de una escala social de valores. Por eso como aves de rapiña defendemos los pequeños espacios en los que nos movemos. Y por eso cacareamos hasta el cansancio cualquier pequeño logro que alcanzamos. Quizás sea el resultado de alguna frustración infantil, pero nos encanta que nos echen viento. Que alguien nos diga lo importantes que somos. Nos creemos dotados de virtudes cuando en realidad no poseemos ninguna. Desde la mañana hasta el final del día vivimos del elogio pasajero y de que incluso cualquiera nos auto afirme: en el pequeño evento, en la junta directiva y en el municipio pobre, alguien saldrá a decirnos algo. Y nos creemos el cuento, y pretendemos hablar siempre en representación de un grupo o de un pueblo.

Lo grave es que quienes aparecen como los arquitectos y diseñadores del futuro (también lo fueron del pasado), caen recurrentemente en el lugar común. Y su visión para esta región no ve más allá de sectores como turismo, logística y agroindustria, como si el mundo globalizado no estuviera reclamando escenarios nuevos. Seguimos fotocopiando documentos de desarrollo equivocados para cumplir la ejecución de contratos. Ahora se habla del estudio Ibagué 2025... No sé...algo pasa en las mentes de la dirigencia regional.
Ibagué, 25 de septiembre de 2007

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