Cedo este espacio habitual para hacer un reconocimiento a Gladys de Bothe, distinguida psicóloga tolimense, que durante años ha trabajado en silencio por el bien más preciado que tenemos, los niños. Su experiencia y conocimiento deberían adoptarse por el gobierno regional y local como una política permanente. Esta es una síntesis de su propuesta: “Después de recorrer los 46 municipios conociendo de cerca el dolor de la guerra y habiendo trabajado 25 años con niños maltratados y padres maltratadores, concluyo que para combatir este flagelo la población debe sensibilizarse sobre el tema.
Muchos padres golpean e insultan a sus hijos aun queriéndolos, porque ese es el único patrón de crianza que conocen; con orgullo afirman que “a punta de rejo son personas de bien”, por ello generación tras generación esas erróneas pautas de crianza se repiten validando la mentira de que “porque te quiero te aporreo”. Así no debe ser. La cuestión es “porque te quiero no te aporreo ”, te escucho, te expreso afecto, te corrijo con respeto y te guío para que crezcas sano y feliz aprendiendo a ver límites y aceptando las consecuencias a las faltas que cometas.... Ante Dios y ante la ley tenemos la autoridad para corregirlos y prohibirles o permitirles algo, pero tenemos la obligación de hacerlo adecuadamente, respetándolos, sin agredirlos ni maltratarlos.
Sobre la guerra que se libra en nuestras montañas no tenemos control, pero sobre la guerra que se puede estar librando en nuestros hogares si tenemos todo el control. Cuántos padres no se hablan con sus hijos, cuántos esposos se golpean, cuántos hermanos se odian entre sí. Cuánta agresión, cuánto abandono, cuánto dolor, sobre el cual los padres tienen gran responsabilidad. Cada vez que hablo con un pequeño “de difícil adopción” (así les dicen a los niños que “ya son muy grandes” y nadie los adopta) siento un profundo dolor en el alma. Todos quisieran que los adoptara…. y todos son niños maravillosos; bajo la protección del estado a estos niños aparentemente no les falta nada, porque el plato de sopa que reciben es caliente y nutritivo, el colchón donde duermen es blando, la almohada es nueva y el vestido tiene moños, pero la triste verdad…. es que a éstos niños les falta todo. Porque lo que ellos añoran es una mamá que los abrace, los acune y les diga cuánto los quiere y un papá que se sienta orgulloso de ellos, les juegue y los mime. Lo único que un niño necesita es el amor de sus padres.
Es doloroso para un padre que ama a su hijo desprenderse de él porque es tomado bajo protección del estado por maltrato; y es triste para un niño estar en un hogar sustituto por haber sufrido lesiones de manos de sus progenitores. Entonces, si eso pudiera evitarse, por qué ocurre, por qué una madre que quiere a su hijo le fractura el brazo, o lo quema, lo lacera o lo ultraja. La respuesta es una sola: Esa es la única forma de crianza que conoce. Hace varios años inicié un proyecto con madres de los barrios del sur de Ibagué que tenían a sus hijos bajo protección, en el cual con paciencia, amor, perseverancia y persistencia, se les ofrecieron alternativas de crianza para que pudieran recuperar la custodia de sus hijos. Todas las que se propusieron cambiar, lo lograron. Toma tiempo y esfuerzo pero produce grandes frutos. Estoy segura que la labor del I.C.B.F., el P.A.B. y la Secretaría de Educación departamental en las zonas rurales, ha servido para sensibilizar a más de 6.000 padres que han recibido capacitación sobre el proyecto...”.
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