La educación en lo esencial

Fue don Simón Rodríguez un connotado educador. No sólo por su condición de maestro sino porque ejerció sobre Simón Bolívar una influencia tal que el mismo libertador así lo reconoció cuando le escribió: “No puede usted figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que usted me ha dado”. En cuatro principios concentró su enseñanza: “Usted formó mi corazón para la Libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido por el sendero que usted me señaló”.

El buen maestro es como un faro en la noche. El caso de don Simón Rodríguez es un claro ejemplo de lo que significa la presencia de un excelente tutor en el corazón de un estudiante. Amplía este concepto Jorge Orlando Melo cuando cita a Montaigne: “Lo que debe hacer el hombre verdaderamente sabio es aprender a observar la realidad, a buscar la verdad en sí mismo, en los hechos y en la naturaleza”. “La educación, insiste, es para la vida... No hay que aprender muchas cosas, sino aprender a juzgar, desarrollar las capacidades del entendimiento, y desarrollarlas para aprender a vivir...”. Trasegar por una senda de búsqueda hacia un modelo de hombre y mujer tolimense, implica una responsabilidad superior que no sabemos si los actuales gobernantes y demás actores sociales estén dispuestos a asumir. La inquietud a plantear es si queremos utilizar la educación para el desarrollo humano regional, que no es lo mismo que la educación para el subdesarrollo regional.

En conversaciones con educadores de Ibagué sobre cuáles serían los fundamentos para una buena educación, hemos considerado importante: Primero, formación en valores. De lo que más adolece nuestra sociedad es de valores como la honestidad (honradez, veracidad, responsabilidad y lealtad), el respeto, la solidaridad, la autonomía, la justicia, la libertad, la democracia y la ecologicidad (Ecología). Como el valor de la honestidad no es prioritario, la conducta de los servidores públicos envía con frecuencia pésimas señales a los demás integrantes de la sociedad. El peligro que estamos corriendo, según Alberto Bejarano, es que el Tolima siga por el despeñadero de la decadencia.

Segundo, competencia informática. Es claro que el presente y el futuro reclaman una generación tolimense con las habilidades para enfrentarse al compromiso de ser un generador de oportunidades. El acceso masivo a la internet y el manejo de los sistemas, deberán ser herramientas para promover el emprendimiento, el entendimiento y la paz. Se agrega a esta competencia el uso de una segunda lengua. Es admirable que en Perú los indios del Cuzco hablen inglés para atender un turismo creciente.

Tercero, competencias comunicativas. Para un desarrollo más acorde con la pedagogía de los valores que estamos recomendando, conviene atender el cultivo integrado de las habilidades comunicativas: tanto las de escucha y lectura sistemáticas, como las de expresión oral y escrita.
Y cuarto, la educación ambiental. Para formar hombres y mujeres tolimenses que entiendan qué es el equilibrio, qué es la armonía, sensibles ante la belleza, amigos del viento y conscientes de las responsabilidades que tenemos con la preservación y mejoramiento del medio ambiente.

Con estos principios se sugiere una discusión sobre la pedagogía de una educación para el desarrollo humano regional que conduzca a la instauración de relaciones más justas, racionales, saludables y creativas entre nosotros y con la naturaleza.
Ibagué, 23 de octubre de 2008

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