"Ahí está el detalle"

Con su muletilla “ahí está el detalle”, Cantinflas nos orienta para decir que en el Tolima se rebosó la copa de las incoherencias. En su definición, incoherencia es una “Cosa que carece de la debida relación lógica con otra”. Algo parecido a lo que ocurre con la doble moral que es una especie de desviación del comportamiento y una alteración entre el pensar y el actuar.

Desgranemos ahora el rosario de incoherencias como diría el grandioso Chupamirto: Decir que se promueve el desarrollo cuando la realidad nos muestra un crecimiento negativo y una sociedad atrasada con infinidad de carencias sociales, económicas, tecnológicas, culturales y políticas; hablar de una visión 2025 cuando no podemos siquiera saber qué va a pasar en noviembre del 2008. El embeleco del futuro pasó a ser un cuento académico para tramitar contratos en las entidades públicas; confirmar que la educación es buena cuando los resultados nacionales dicen lo contrario. En este aspecto, sucesivos gobiernos han priorizado la educación sin resultados alentadores; la doble moral de algunos medios de comunicación que en el pasado atacaron sin compasión a los gobiernos por corruptos, so pretexto de defender intereses colectivos, y ahora los vemos acuciosos buscando oxígeno y tramitando contratos con el estado. Se les olvidó ejercer la función de velar por la defensa de lo público.

Y esta si es la tapa de la incoherencia: otorgar reconocimientos de responsabilidad social a empresas que van a cometer actos de irresponsabilidad social y ambiental. Como dijo el periodista Rubén Darío Correa para referirse a los que usan “rodilleras doble fondo”, coincide para este caso con quienes expresaron su afecto a la multinacional del oro y el cianuro; y el oportuno Sancho Panza confirma que “dádivas quebrantan peñas”.

Otra incoherencia: creer que el Deportes Tolima es nuestro cuando la realidad es que es la caja fuerte de un mercader boyacense; y otra más: estar convencido que un pequeño grupo de la sociedad hace parte de los buenos y que la montonera del resto son los malos; y otra: pontificar sobre desempleo cuando quienes hablan a guijarro abierto no son capaces de montar siquiera un negocio de fotocopias.

El dilema es de tal dimensión que no podemos esperar que desde el actual orden social vaya a nacer uno nuevo. Habrá que construirlo con las nuevas generaciones de empresarios, con una nueva mentalidad política y con una nueva ciudadanía que sepulte los mal llamados cacicazgos. En la época en que el Tolima fue una gran hacienda, ya el capataz se habría pronunciado con un látigo, nos hubiera negado el acceso a la escuela, nos hubiera recortado la paga y nos habría expulsado de su tierra. Algunos añoran esos tiempos reposados, tiempos de ganaderías extensivas, tiempos de analfabetismo y tiempos de tributos.

Lo que a veces se olvida es que la crítica se agiganta, las olas de la incertidumbre se levantan y la aparente normalidad de las aguas se quebranta. Que una voz colectiva rompa el silencio y diga las cosas por su nombre. Que haya conciencia para entender que el asunto no es lo que pregonen los voceros de las mil incoherencias, sino lo que sea capaz de pronunciar la sociedad entera.

Ibagué, 30 de octubre de 2008

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