El maravilloso discurso de Barack Obama, que movilizó la esperanza de millones de jóvenes que corrían hacia los parques para ver al hombre que con su liderazgo puede cambiar el mundo, es el llamado a lo que el New York Times (citado por Semana) ha señalado como el comienzo de “una nueva era”.
Cómo no hacer un alto en el camino para pensar que en el momento cumbre de su esplendor político, un hombre sustentó su visión de futuro en pilares como la unidad y la consolidación de los valores. Es tan profunda la reflexión que propone en su discurso que apenas podremos reseñar algunos de sus conceptos.
El primero de ellos es el llamado a la unidad nacional desde lo diverso: “...los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados”. Su sueño, un proyecto de reconstrucción de la nación y la redefinición de un nuevo liderazgo en el mundo. “...llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense”.
El segundo, relacionado con los valores, convoca hacia un “nuevo espíritu de patriotismo, de responsabilidad...”, no sólo para que cada uno logre salir adelante sino ante todo para que sea capaz de ayudar al otro. Que no solamente haya prosperidad en los que poseen riquezas (Wall Street), también en los que carecen de oportunidades (Main Street). Es indudable su llamado a la solidaridad para construir una sociedad más humana. Otro valor fundamental, propio de un auténtico líder: el cuidado que tendrá por el respeto a la diferencia. “Los escucharé, sobre todo cuando discrepamos”.
El tercero, relacionado con lo que será su gestión: “...un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no se ha desvanecido de la Tierra”. El alcance de estas palabras dan perspectiva a la política como el camino para alcanzar el bienestar colectivo. Lo angustia la crisis financiera y el deterioro de la situación social que vive su país: “Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos”.
El cuarto, basado en el viraje que seguramente dará a las relaciones internacionales. Recordó a los soldados que están en Irak y en Afganistán, pero reiteró que “la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas, ni de la magnitud de nuestra riqueza, sino del poder duradero de nuestros ideales: la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme”.
Un viento refresca al mundo con el ascenso del nuevo Presidente de los Estados Unidos a la Casa Blanca. “...aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos”.
Ibagué, 13 de noviembre de 2008
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