Gobiernos en la posteridad

En tres generaciones, cuando Ibagué sea una ciudad cosmopolita y sus servicios hayan cubierto el Valle de las Lanzas, el sistema educativo hará clases interactivas que le permitirán a sus estudiantes, recorrer las calles y avenidas de una capital que se construyó gracias a los valiosos aportes de burgomaestres elegidos por voto popular y por decreto.

Esto será lo que escucharán del maestro los alumnos en el tour por Ibagué: Queridos estudiantes, empecemos por el monumento a Don Andrés López de Galarza donde los lugareños cada semana ven a un exalcalde llevándole flores al fundador en gratitud por haberse venido desde Villabrágima (un pueblito olvidado de España) a fundar la ciudad donde ustedes viven.

Subamos ahora por la Carrera Quinta, donde quienes van a hacer sus reclamos por el mal servicio telefónico, encuentran a una exalcaldesa esperando a que le abran la puerta del edificio al que pretende entrar con un oficio, pidiendo que le restituyan a Ibagué las acciones que el municipio le vendió a Teletolima, empresa que ahora es de los españoles.

Más arriba, a la altura de la Calle 37, espero que se maravillen con un majestuoso monumento al caballo hecho en bronce, para rendir homenaje a dos exalcaldes que convirtieron las cabalgatas en uno de sus principales objetivos de gobierno. A tal punto llegó la devoción por la fiesta equina que un Acuerdo del Concejo Municipal instituyó que todos los habitantes debían tener en su casa una silla de montar, así no tuvieran caballo.

Vamos ahora a adentrarnos por el barrio Departamental muy cerca del Cementerio San Bonifacio, donde un exalcalde tardó más de diez años en dos períodos de gobierno, y al final no pudo concluir lo que los ibaguereños conocieron como el Bulevar de las Brisas. Dicen los vecinos que detrás de los matorrales han visto deambular a un fantasma que gime y reclama ser el dueño de la inconclusa obra.

Caminemos hasta Pan de Azúcar desde donde se observan trinchos, canalizaciones y el eficiente manejo ambiental que ordenaron varios burgomaestres en los cerros noroccidentales con el acompañamiento de la sin par Cortolima.

Tomemos ahora la vía hacia Bogotá donde al pasar por el puente Suramericano ven siempre a un exalcalde empujar unas canecas (dicen que están llenas de dólares) hacia la conocida ruta del ferrocarril. Por ahí anda detrás un pirata esperando robar parte del cuantioso botín.
Finalmente, el tour termina en los confines de la ciudad con una visita al lugar donde operó el centro de diagnóstico automotor de un exalcalde, y ahí ustedes pueden ver hoy una moderna herrería con salas para pulir los cascos de los caballos, la última tecnología en ecografías y el tratamiento para la anemia equina.
El negocio es atendido por su propietario.
Ibagué, 6 de noviembre de 2008

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