Los casi cinco mil desempleados que hicieron fila en los alrededores de la alcaldía de Ibagué para entregar su hoja de vida; las voces de los bufones de un régimen municipal que nos quiere hacer creer que vivimos en una ciudad donde abunda la leche y la miel; el desastre de un gobierno municipal que igualará en ineptitud al anterior; el presagio cierto de que esta ciudad no tiene futuro porque nadie lo está construyendo; las gestiones que anuncian a diario los reyezuelos, convencidos que pronto ejecutarán sus “proyectos macro”; el murmullo creciente de comisiones del 15 por ciento por la asignación de contratos; la nula gestión de unos congresistas tolimenses bautizados con el apelativo de “invisibles” por su mediocre gestión en el parlamento; en fin, son tantas las carencias con las que nos tropezamos a diario, que sin temor podemos expresar ¡qué soledad y qué olvido!
Es el mismo olvido que sentimos en el cañón del Combeima, donde la última gestión municipal consistió en programar un desfile desde “El Mirador” hasta Juntas con la banda de la Sexta Brigada y así al acorde de tambores, platillos, trombones y trompetas, se dio la bienvenida a una jornada cívica que se propuso retirar en la confluencia de las quebradas Guamal, Las Perlas y el río Combeima, los troncos de la última avalancha. Parecía una fiesta municipal; los empleados de la alcaldía, los familiares y la corte de lagartos detrás de la alcaldesa, ocuparon de pronto el lecho del río. El ruido de una motosierra dio la sensación de que la presencia gubernamental estaba en su pleno apogeo.
Las gentes de Cañón no creen que van a tener una solución que ponga fin a su tragedia. Por décadas, desde cuando Cortolima hizo el Plan de Manejo Integral de la Cuenca del Río Combeima, se ha hablado de lo mismo. Pero nadie adopta soluciones de fondo. Como comprar los predios de las zonas altas y aislarlos; como propiciar mejores prácticas agrícolas; como en lugar de hacer desfiles musicales y tomarse una foto para el periódico, se hiciera un acompañamiento interinstitucional permanente y coordinado. El estado actual del cañón refleja el grado de postración mental a que hemos llegado.
Si hay un espacio para construir y consolidar liderazgos es justamente ahí, al lado de la tragedia... Una madre en Juntas castiga inmisericordemente con un rejo a un niño de tres años. ¡Qué soledad y qué olvido!
Ibagué, 31 de julio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario