El consejo comunitario en el que el presidente Uribe inauguró en Ibagué el Parque Logístico de Carga dejó el sinsabor de que estas reuniones tienen cada vez un mayor tinte politiquero y retórico. Se evidenció que hay candidatos al senado de primera y tercera categoría. Los de primera, como don Juan Lozano, llegan en helicóptero con el presidente, mientras los de tercera, como le sucedió a Juan Mario Laserna, tuvo que hacer cola como cualquier parroquiano, pero además no lo dejaron entrar.
Absurdo que una persona que fue codirector del banco de la República y quien además fue el impulsor y el gestor del capital de riesgo para hacer realidad ese excelente proyecto, no hubiera podido ingresar. Es inaceptable la disculpa del presidente que como dijo Salud Hernández “conoce hasta el número de gallinas que hay por departamento”. Eso es física y llana politiquería.
Asimismo, no se entiende cómo funcionarios y dirigentes tolimenses tienen que recurrir a la lambonería para ser escuchados en las instancias nacionales. “Gracias, gracias de verdad, nuevamente gracias, señor ministro, mil gracias señora ministra, sin su ayuda hubiera sido imposible la realización de este proyecto; gracias, señor presidente, gracias, gracias”. Uno esperaría de la dirigencia política regional la presentación sistemática de proyectos de desarrollo, medidos en términos de su impacto económico y social. Y como resultado de las justas reclamaciones regionales.
Por la ausencia de una visión de futuro que nunca hemos podido construir, porque lo que existe es un remedo de visión; por la dificultad para establecer acuerdos internos, por la fragmentación de la dirigencia local y por el perfil profesional, personal y ético tan bajo de los aspirantes a dirigir los municipios y el Tolima, departamentos como el nuestro son presa fácil de la política y la retórica comunitaria a la que nos acostumbraron desde el gobierno central. Lo peligroso es que nos creamos las propias mentiras que hablan de gobiernos locales eficientes y que sustentan una gestión que los ciudadanos no vemos por ninguna parte. En tres meses, subimos en casi un punto el índice de desempleo en Ibagué. Eso equivale a mil empleos directos perdidos en el mismo lapso. Lo que significa, o que se están manipulando las cifras o que los empleos que se están generando no aguantan un suspiro.
Preferiría escuchar mandatarios mesurados en sus apreciaciones y estrategas a la hora de mostrar su gestión. Sin una comunidad organizada, a cualquier alcalde cortesano lo embolatan con un hueso.
Ibagué, 6 de noviembre de 2009
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