“El espíritu del tiempo”

“Las ideas nuevas y las políticas innovadoras son las que modifican el espíritu del tiempo”. Esta cita que hace María Cecilia Múnera en su libro “Resignificar el desarrollo”, es tomada por ella de un documento presentado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en la “Cumbre de Desarrollo Social en 1995”. Tiene una importancia fundamental a la hora de hablar de desarrollo, porque “ese espíritu del tiempo refleja sin duda la cultura dominante”.

Aquí nos parece que radica el fondo del problema regional. Por décadas el ejercicio de la política, considerado el principal escenario para la toma de decisiones, se ha caracterizado no propiamente por ser un incubador de ideas nuevas y de políticas innovadoras. Ha sido todo lo contrario. Un restringido núcleo que gobierna para sí mismo, que dispone a su antojo de los recursos públicos, que levanta plataformas para su exclusivo beneficio y que ve al Tolima, no como el espacio ideal para construir liderazgos perdurables sino como la hacienda colonial donde hay un capataz con “la sartén por el mango” y una sociedad “fragmentada por intereses sectoriales” incapaz de participar en las decisiones de relevancia regional. Sumémosle a esto la ignorancia generada por la falta de educación, el estado de miseria crónica en que vive la mayoría de nuestro pueblo y la incapacidad mental de nuestra dirigencia de mirar al futuro.

No es fácil modificar este “espíritu del tiempo” que se enquistó en la geografía tolimense. Pasado, presente y futuro no delimitan en esta tierra momentos coyunturales, dinámicas e ideas nuevas. Hemos vivido en un tiempo muerto, como entre una cápsula de materia inerte, dejando pasar los días, los meses, los años y las décadas de nuestra historia sin que colectivamente pase nada. Y la posibilidad de construir un nuevo orden social parece cada vez más lejana. A sabiendas de la repartija local y regional, qué más podemos esperar. Seguir inmersos en el mismo círculo, escuchando los mismos cuentos y creyendo las mismas historias.

Conscientes de la existencia de talento regional nos faltan espacios institucionales que convoquen y canalicen los esfuerzos de miles de tolimenses; que abran caminos de emprendimiento, que no de empleo, a profesionales con ideas nuevas; que la competitividad deje de ser solo un comité consagrado a la ineptitud y a la pereza empresarial; que la innovación florezca en todos los campos de la vida regional; y que las universidades sean verdaderos faros para que germinen proyectos posibles.

Ibagué, 27 de agosto de 2010

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