Un acto de generosidad política

Los miles de ibaguereños que amamos esta ciudad quisiéramos, ahora que se avecinan las próximas elecciones, que en un acto de generosidad franco y abierto la dirigencia política regional se reuniera a pensar cómo contribuir a cambiar el rumbo de la capital tolimense. No es difícil. Es posible hacerlo si todos deciden abrir la puerta de su voluntad para mirar el futuro. Para pensar que ustedes mismos, señores dirigentes, saldrían políticamente beneficiados porque su liderazgo se fortalecería socialmente. Está probado que los cambios se inician desde el mismo momento en que se decide colectivamente empezar a construirlos.

No es utópico soñar que por primera vez, de manera excepcional, representantes de todos los partidos, depusieran sus intereses particulares, cancelaran su cotidiano y tradicional ejercicio de cálculo político, trasegaran por una senda que invitara al cambio y a la renovación de las antiguas costumbres y suscribieran un pacto para seleccionar un candidato cívico de la más alta calificación ética y moral en el que se reflejaran los más puros anhelos de esta sufrida sociedad local.

Basta no más pensar que los principales problemas de esta ciudad no se han resuelto; que Ibagué no tiene claros grandes y ambiciosos proyectos; que cada día se agiganta la pauperización de las clases menos favorecidas; que la seguridad es una seria amenaza para la convivencia ciudadana; que no existe un proceso de industrialización sostenido; que la ciudad ha sido gobernada aun en la actualidad por alcaldes menores carentes de una visión más allá de sus cuatro años de mandato; que hay una pobre interlocución con las instancias nacionales; que no hay una estrategia para tender puentes de cooperación internacional y que la gestión cotidiana de gobierno se concentra en pequeñas inauguraciones y actos de ínfimo impacto.

Por eso miles de ibaguereños soñamos con un hombre o una mujer dispuesto (a) a desencadenar nuevos liderazgos; con un ibaguereño que se rodee de la dirigencia para la ejecución de una apuesta política de cambio social, económico, cultural y deportivo; con un aspirante que convoque las fuerzas vivas para construir una nueva Ibagué; con alguien que presente una hoja de vida intachable, que sepa lo que significa una gerencia y que haya hecho aportes valiosos a la sociedad; y con un líder comprometido en seleccionar un grupo ejecutivo de altísima capacidad y probada formación ética y moral.

Si hay generosidad política podría ocurrir un milagro. Si no, entonces que entre el diablo y escoja.

Ibagué, 10 de septiembre de 2010

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