100 días de Chucho

Un especial de televisión sobre los sesenta años del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán me indujo a retomar el libro “El saqueo de una ilusión –el 9 de abril 50 años después”-, en el que se publicaron fotografías y varios ensayos, entre ellos uno maravilloso de Antonio Caballero denominado “el hombre que inventó un pueblo”. Es una alusión pertinente porque establece con claridad lo que debe ser el ideario de un líder que quiso transformar la democracia a partir de un principio: el pueblo no debe ser siempre el excluido, el invitado de piedra el día de elecciones, debe ser actor dinámico del cambio. Es el que elige. Es el que transforma. Es para el pueblo que se debe gobernar.

Refiriéndose a Gaitán, William Ospina agrega: “...si seguimos hundidos en la misma barbarie que él indignamente denunciaba, es porque ninguno de nuestros gobernantes desde entonces ha asumido con valor los desafíos históricos de la nación. Nadie obtuvo jamás el respaldo popular que le confiriera a su acción verdadero poder político transformador, y por ello todos se limitaron a ser los melancólicos administradores de las tremendas injusticias que encontraban”.

En el plano local de nuestras comunas y barrios, el cuadro que encontramos es de miseria e injusticia. Eso no ha cambiado. Y difícilmente va a cambiar si en el escenario de las prioridades de gobierno no se orienta toda la política a generar resultados de alto impacto y de beneficio colectivo. Gobernar para defender intereses particulares, gobernar para tener contenta una élite, gobernar para ceder el gobierno a una élite y no arriesgar el surgimiento de un liderazgo renovador, es incumplir de una manera ruin el mandato de un pueblo.

Realmente es muy poco lo que puedo decir de los primeros 100 días del alcalde Chucho Botero. Quiero, sin embargo, destacar varias cosas: primero, el incuestionable triunfo otorgado por los ibaguereños le da absoluta autonomía y amplio margen de maniobra; segundo, su carácter valeroso para poner a raya desde el principio la voracidad burocrática de algunos grupos políticos; tercero, su interés de establecer una alianza duradera con el gobernador para adelantar obras conjuntas; y cuarto, su preocupación de buscar apoyo nacional, hablando incluso con actores como el senador García, de quien no tengo claro cómo le puede ayudar a Ibagué.

El reto que el alcalde tiene al frente es descomunal. En agosto se inicia la construcción de la doble calzada Girardot-Ibagué lo que exige al gobierno local moverse rápido en distintos frentes. El desempleo y la inseguridad se han deteriorado a niveles angustiosos. Los trescientos nuevos agentes de policía y las cámaras ayudan a controlar los atracos callejeros pero no frenan la bomba social que se cocina por la ausencia de oportunidades. El hambre no da espera. Por eso la peatonal está convertida en una galería. Y en materia de tránsito, todavía no vemos acciones ejemplarizantes que nos salven de esta selva en la que estamos envueltos; el ruido y el irrespeto a las normas deben pararse ya. Aquí no se puede claudicar.

El gran reto es cómo generar empleo, cómo jalonar inversión externa y cómo mejorar los servicios; el tema de las preferencias tributarias hay que considerarlo. En política hay reciprocidades. Los gremios están llamados a comprometerse a fondo en las soluciones. Si no, ojalá veamos una recomposición del actual gabinete. La prioridad es lo público. De no actuar con liderazgo, “mirad los grillos y las cadenas que os esperan”.
Ibagué, 10 de abril de 2008

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