Prótesis de penis

Acudo al sabio latín para decir que mucho antes de que la ciencia revolucionara la impotencia del mundo sexual masculino con el viagra, ya algunos hombres, para fortalecer su condición viril -y cumplir el sabio refrán del culebrero que afirma que el verdadero macho no es aquel que pelea con siete o con ocho, sino el que no se doblega ante las caricias de una mujer-, acudían a lo que la ciencia médica denomina “implantación de una prótesis en el pene”.

Para no caer en el uso del ya mítico y efectivo viagra, porque según me dijo no lo necesita y consciente de que es un hombre muy joven, con una dieta balanceada, reposado en su trabajo, amigo de organizar cada semana a la orilla del cristalino río suculentos sancochos de gallina criolla y de reservar para él solo la huevera bien guisada por sus virtudes afrodisíacas, amén de consumado deportista de tenis, así de vez en cuando yo le gane sin entrenar, Alberto (nombre cambiado) tomó la arriesgada y provocadora decisión de hacerse la prótesis. No porque tuviera un micropene, no porque su hermosa y joven esposa se lo hubiera pedido, no, más bien para estar preparado por si algún día puede romper el mito de que solo el negro Asprilla es el hombre mejor dotado del país. En realidad, me contó, en la biblioteca de su hermano mayor, lector empedernido, guardaba escondido el Kama Sutra, la inmortal guía de sexo oriental y él, apenas un niño, pensó que algún día quería parecerse en su generoso tamaño a uno de esos grandes maestros del fino arte del amor.

Sin pensarlo dos veces le consultó a su esposa quien de inmediato le dio su aprobación. Ella sabía que si la dotación se mejora, quién se va a levantar a pelear con esa nueva “bellezura”. Dudó un poco cuando el cirujano le dijo que debía quedarse tres meses quieto y usar continuamente una bata ancha para que, como lo llama un amigo, el “dije” mantuviera dormido, “sitico” el niño. Decidió que después de la operación debía sacrificar su acostumbrada dieta semanal de mariscos y pescados para evitar los cambios bruscos de temperatura que siempre lo mandan a la cama temprano. Una alimentación basada en lechugas, verduras y productos bajos en calorías y proteínas lo mantendrían en una especie cuarentena, tiempo después del cual estaría listo para salir a cabalgar por los inhóspitos senderos de la exploración oriental.
Así llegó al quirófano. Tranquilo y convencido de haber tomado una excelente decisión. Sabía que para la próxima fiesta del hallowen en el club podía sorprender a la concurrencia con un disfraz al mejor estilo Tarzán donde con apenas un talego y una hoja de plátano quedaría bien guardado su tesoro más íntimo. No despertaría ninguna sospecha porque las mujeres estarían más pendientes de su bien cuidada y delineada figura. Lo que sí pactó con su esposa y este testigo excepcional, es que la prótesis se mantendría en secreto “per secula seculorum”, para evitar un amotinamiento femenino que alteraría incluso el horario de trabajo no solo en la Gobernación del Tolima y otros despachos públicos sino en todas las empresas privadas de la región, porque las damas saldrían a la calle a exigir una legislación al respecto, ya que no sería justo que solo una mujer disfrutara de semejante beneficio mientras la mayoría tendría que contentarse con el mismo “chito” que les regaló a sus maridos la naturaleza.
Ibagué, 1 de abril de 2008

No hay comentarios: