Las cosas del coso

Uno de los aspectos fundamentales que debe tener en cuenta un gobierno local para mejorar su gestión administrativa se basa en su capacidad para identificar y convocar actores organizados de la sociedad civil que le ayuden en la ejecución de políticas de beneficio público. No se puede aplicar el principio excluyente de que cada alcalde llega con su cuadrilla, como en el toreo, porque eso sería cerrar las puertas y las posibilidades para que nuevas expresiones contribuyan con su experiencia al cumplimiento del plan de gobierno.

De todos es conocido que el Concejo Municipal aprobó el Acuerdo 025 de 2005 “para el manejo y tratamiento de animales de especies mayores y menores denominado Coso Municipal”. También es claro el escándalo que generó la compra del predio en el barrio especial El Salado, por el supuesto sobrecosto en la adquisición del mismo, efectuado por el gobierno anterior. Pero independiente de este problema de aparente corrupción que deberá aclarar la justicia, lo cierto es que por un asunto de salud pública el municipio de Ibagué requiere que el Coso opere de manera eficiente.

Aquí es donde viene la historia que quiero contar. Desde hace cinco años un grupo de treinta y ocho mujeres y dos hombres, decidieron crear la Asociación Ibaguereña para la Protección de los Animales, Aipa, con el único objetivo de prestar apoyo a ese grupo de la naturaleza que San Francisco llamaba “mis hermanos”: perros, gatos, caballos, especies amenazadas, etc. Esta ong, de la que forman parte personas respetables de nuestra ciudad, arrendó por su cuenta un predio en la vereda Santa Teresa y allí comenzó a prestar ayuda a animales sin dueño que deambulaban por la calles. El Fondo Ganadero, Mercacentro, algunos molinos de arroz, Cortolima, la Policía Nacional y la misma Alcaldía de Rubén Darío ayudaron a esta organización al cumplimiento de su misión. Una entidad inglesa, Wspa, le entregó en donación recursos que se utilizaron para la compra de instrumental y equipo quirúrgico que sirve para lo que será una clínica especializada en la atención de animales maltratados. Otra asociada que vive en Alemania tramitó recursos que han contribuido al cumplimiento durante estos cinco años de las actividades de Aipa. La radicación del proyecto en planeación municipal y el acompañamiento para aprobación final del Acuerdo del Concejo, fueron obra directa de esta organización.

Por todo esto me permito sugerirle al alcalde y a los funcionarios encargados, que en aras de que el Coso Municipal opere como los ciudadanos queremos, de manera eficiente y bajo estrictas normas de respeto a los animales, invite a que esta ong participe activamente con la Universidad del Tolima –a quien la alcaldía seleccionó para la administración y el manejo-, de modo que ese lugar se convierta en un espacio agradable. El trabajo con personas de los estratos uno y dos en campañas de protección y esterilización a los animales, un proceso pedagógico para que por ejemplo los dueños de los caballos zorreros den un tratamiento adecuado a estos ejemplares y una tarea sistemática de recuperación de fauna silvestre, son actividades que estoy seguro, ayudaría a cumplir la Asociación. La unión de esfuerzos entre alcaldía, universidad y ong, constituye en este caso, la expresión más clara de lo que debería hacer un gobernante local: convocar las diversas expresiones de la sociedad para resolver y atender asuntos concretos. El sello de transparencia, que ha escaseado en esta ciudad, lo garantiza la misma comunidad organizada.
Ibagué, 17 de abril de 2008

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