Uno de los estudiosos del desarrollo regional nos enseñó de tiempo atrás que “los recursos financieros son como la sangre que corre por las venas de una región”. Es difícil en estos tiempos de globalización pensar en la retención local de la riqueza. Los circuitos del sistema financiero tradicional que despacha diariamente remesas para apalancar el crecimiento económico de otras regiones, la presencia comercial de las grandes superficies ofreciendo productos de la canasta familiar, el servicio en telecomunicaciones por parte de las multinacionales y la oferta de bienes de diverso orden de empresas cuyo origen no es regional, nos hace pensar que la búsqueda de la riqueza debe ser resultado de un complejo proceso de participación endógena.
¿Qué significa esto? Significa que en la medida en que las regiones logren desencadenar procesos productivos y empresariales, es posible pensar que el capital se reinvierta localmente. Significa tener una visión de largo plazo que nos permita actuar en función de objetivos y propósitos claros. Significa que el sistema educativo se organice bajo ese mismo horizonte de futuro. Significa que haya inversión real y capital de riesgo, que hayan proyectos, estudios, centros de investigación y disposición colectiva para impulsar el desarrollo. Y una premisa adicional de orden estratégico: La participación del sector público es fundamental porque debe ser quien ejerce el verdadero liderazgo, quien convoque a las fuerzas vivas, quien acompañe en la búsqueda de nuevas oportunidades. A los voceros gubernamentales les compete trabajar en función del interés público, no del interés privado. Si un gobierno tiene clara su política de desarrollo para el departamento o para la ciudad, no se deja meter los dedos a la boca. No se deja manipular por quienes sólo buscan aprovechar los recursos del estado para continuar su enriquecimiento personal. De ahí que es importante saber hacia dónde ir. Con un equipo competente, no es difícil obtener buenos resultados de corto y mediano plazo. El seguimiento a la gestión debe ser detallado, para que las metas trazadas no se diluyan entre la maraña burocrática. Y para ello, hay que apoyarse en la sociedad civil. Quien delega las responsabilidades de gobierno en funcionarios recomendados y aptos para otros menesteres, corre el riesgo de que su gestión quede en el lugar común. Y la cuenta de cobro llegará más temprano que tarde.
Coletilla: A raíz de un artículo escrito por la señora Marcela Meñaca, sugiero la apertura de un debate regional serio y profundo acerca del desarrollo. La simple carreta secular no debería ser tolerada por más tiempo, pues de ser así seríamos inculpados como consentidores y hasta promotores del subdesarrollo. El desarrollo, señora Meñaca, tiene que ser evidente y medirse con indicadores de bienestar social, calidad de vida y crecimiento económico. Usted debe saber eso. Y lo que vemos, señala lo contrario: una sociedad en retroceso y cada vez más pobre. Si usted alguna vez ha recorrido las veredas de Ortega, Coyaima o Natagaima, o los barrios pobres de Ibagué, me daría la razón. La invito a que promueva ese debate. Existen instituciones como la que usted representa, la ADT, que asumieron por voluntad propia la responsabilidad del desarrollo. Es hora que respondan por algo que desde hace muchas décadas se comprometieron a realizar y que hasta ahora no hemos visto. Seguir en la tónica de la región boba no es precisamente motivo de orgullo ni de dignidad regional.
Ibagué, 1 de agosto de 2008
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