La crisis regional generada por la parapolítica adquiere en el Tolima dimensiones alarmantes. Si la otrora presencia de nuestros congresistas era fría, hoy ese tímido liderazgo duerme en el congelador. Se perdieron hace mucho los espacios de interlocución con el gobierno nacional. La visita esporádica del Presidente para conocer el túnel de la línea, el consejo comunal en Honda, el anuncio en Planadas de la pavimentación de esa vía en el sur y su participación en el Espinal, da cuenta de una gestión que se sale del marco de lo local. No hay una voz o un conjunto de voces que convoque, sugiera y promueva el liderazgo que otras regiones ya se han ganado. Y eso es lo grave.
Frente a tantas carencias y ante la imposibilidad de gestionar colectivamente con el alto gobierno obras de impacto económico y social, o de mover proyectos de cooperación internacional, o de buscar capitales de inversión, la gestión de quienes se auto proclaman líderes locales, se concentra por estos días en quién se queda con la presidencia de la Cámara de Comercio. Y se hacen todo tipo de suposiciones y cábalas. Que Enrique regañó a Sibila, que Sibila no puede ver a Gabriel, que Alvaro no deja jugar golf a José H., que Fernando puede ser una buena opción, que a César Augusto le faltan votos, que dónde está Javier, que Cristóbal es autónomo en sus decisiones, que Raúl impugnó, que a Alexander lo invitaron a almorzar, que a Sergio David lo vieron comiendo, que a Luz Angela le gusta la idea, mejor dicho, es tanta la verborrea y la chismografía local en torno al tema, que el circo de los hermanos gasca les quedó en pañales.
Sorprende sí la ausencia de propuestas de cara a la ciudad, el compromiso de renovar y cambiar una institución que debería ser una auténtica promotora del desarrollo. Veo que la pugna en el fondo se concentra en los grupos que quieren tener injerencia en esta institución, más para renovar convenios y mantener la interlocución con el sector público, y dar orientaciones sobre el manejo del presupuesto, que para responder a los intereses de los empresarios, quienes son los dueños naturales de esta entidad. Me duele que mis modestos aportes se malgasten en convenios donde el objeto social se diluye para mantener ocupada una academia y una burocracia privada más dañina que la que pervive en el sector público. Creo que colectivamente debemos ponerle freno a esto. Esta situación no puede seguir así. Ni para financiar “francachelas y comilonas”, ni para reciclar estudios que no sirven para nada, ni para pagar impuestos atrasados, ni para promover viajes sin objetivo claro al mejor estilo del turismo parlamentario. El que quiera ir hasta la China que pague de su propio bolsillo. No a costillas de los comerciantes. Y que esta entidad se dedique solamente a velar por el interés público. Nada más. Por favor entiendan eso, a quienes les compete este asunto.
La pregunta es cuándo será posible que veamos una Cámara de Comercio líder, que convoque a las demás Cámaras del Tolima a trabajar en proyectos comunes; una institución que se comprometa a fondo en la generación de empleo; que asuma el liderazgo hacia un Tolima exportador; que apoye a los empresarios con proyectos concretos y que se convierta en una institución de la que nos sintamos orgullosos todos.
Ibagué, 8 de agosto de 2008
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