Una sociedad también se mide por la clase de periodismo que dentro de ella se ejerce. Para ir al grano, quiero decir que en su conjunto no me gusta el periodismo que, salvo contadas excepciones, se practica en el Tolima. Empecemos por el fondo: La formación. Algunos de quienes hoy ejercen esta noble profesión en los medios locales, no se prepararon para ello, llegaron de carambola, por física necesidad o porque no encontraron otro rumbo qué tomar. Para señalar varios ejemplos, admiro la dignidad con que ejerce el periodismo Jorge Eliécer Barbosa, el trabajo de corte comunitario de Tolima 7 días, la entrega de varios directores de radio y de periodistas de medios escritos. Pero no nos digamos mentiras, hay en el medio mercachifles, analfabetas, fracasados, amargados, lentejos, celestinas, borregos, “sacamicas”, dioses, semidioses, escribidores, anónimos, seudónimos y antónimos.
Sigamos por la forma: Se ejerce un periodismo de estómago, por no decir de hambre, que chantajea, manipula, atemoriza y condiciona. Y otro que se arrodilla al poder local público y privado. Es un periodismo mezquino que bajo el ropaje de una supuesta ética se la pasa haciendo favores y defendiendo los intereses de quienes los mantienen con sus estómagos llenos. Me da más bien risa ese periodismo que manipula y confunde. Lástima sí de las jóvenes generaciones que han llegado a esas escuelas de periodismo con el anhelo de trabajar en la profesión más bella del mundo. Con el paso de los años, la malsana influencia y la orden directa los va cambiando hasta convertirlos, no en verdaderos periodistas con criterio, independientes y objetivos, sino en mandaderos de un poder que se ejerce para mantener al Tolima en el atraso. El uso cotidiano de sustantivos, adjetivos calificativos, verbos, adverbios, mezcla de opiniones personales y suposiciones donde solo debería estar la narración escueta de la noticia, tergiversa la enseñanza y altera la información. Por eso aquí en el Tolima sólo conocemos una versión: la del poder sesgado. Habrá algún día que inaugurar un medio que esculque la otra historia, la de los fracasos empresariales y gubernamentales, la de los otros contratos manejados desde las oficinas de los encomenderos de turno y los que han manejado por más de cincuenta años los presupuestos públicos y privados a su absoluto antojo. Es más que cierto, en este departamento se ha reciclado el poder por generaciones, pero no para bien si no para mal, para seguir en este estado de villorrio atrasado y feudal en el que somos los reyes absolutos del desempleo.
Continuemos ahora con los oyentes y lectores: A ellos solo los quiero invitar a que evalúen la siguiente reflexión basada en el noble principio dejado por el “maestro del periodismo Ryszard Kapucinski” y citado en El Tiempo: “Para ser buen periodista se debe sentir empatía por el prójimo”. Si miran a su alrededor, se encontrarán con más de una desilusión. Abro un paréntesis para decir que comparto el periodismo investigativo “el que dedica esfuerzos, tiempo y recursos a develar verdades y no el facilista que adopta el chisme como verdad”. Además que se ejerce para defender mezquinas posiciones de poder comarcal. Eso se llama en lenguaje castizo “hacer mandados”, no periodismo comunitario, informativo, objetivo y que hace uso de otro principio: contrasta las fuentes, es decir, muestra diversas opiniones sobre una misma noticia. Como es difícil cambiar, seguiremos arrastrando las cadenas de la desinformación regional.
Ibagué, 25 de julio de 2008
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