El derecho que me otorga la credencial de congresista del Estado Soberano del Tolima, el poder delegado por el pueblo, la oportunidad única e irrepetible, el viejo anhelo de entregar el mayor número de medallas, la necesidad personal de darle solaz a mi espíritu y buena imagen a mi gestión como legislador, para que las generaciones venideras sepan de mi magnificencia y no se olvide jamás mi paso rutilante por el congreso de Colombia, yo, Gardenio Antonio Borrego, hijo de esta tierra, criado entre llanuras y montañas, entre arrozales y platanales, entre cafetales y naranjales, entre palmas reales y palmas de cera, he decidido exaltar a los hijos más ilustres del Tolima.
El mismo suelo que dio el soplo de vida a Murillo Toro, a Darío Echandía y a otras luminarias de la política que escapan a mi memoria, y que le dieron claridad a la república. Hoy los represento a ellos pensando en la majestad de la patria. Gracias honorables congresistas por acompañarme en este acto tan significativo. Señor secretario -dijo emocionado Gardenio-, sírvase ordenar que ingrese a este sagrado recinto el primer grupo de mil quinientas personas que vamos a condecorar por su liderazgo en la generación de empleo en el Tolima; aquí están los representantes de los gremios económicos, las asociaciones, los comités, las juntas directivas y las organizaciones que promueven y son gestoras de un sinnúmero de empresas nuevas; gracias a este puñado de hombres y mujeres en mi departamento no hay desempleo. El Tolima es hoy una región agroindustrial de primer orden y muchos de sus productos van con éxito a los mercados internacionales; en las llanuras del norte y del sur, las improductivas praderas ganaderas cedieron el paso a más de ochenta mil hectáreas de algodón que se procesa en nuestra tierra y luego convierten en prendas más de cinco mil pymes apoyadas por la Cámara de Comercio. Señoras y señores, dijo Gardenio, reciban esta medalla de Honor al Mérito, para que sigan trabajando como hasta ahora lo han hecho por mi departamento. La riqueza y la abundancia en la que vivimos se la debemos únicamente a ustedes. Las siguientes generaciones verán una gigantesca placa que he ordenado colocar en una de las paredes aledañas al parque Murillo, con los nombres de todos ustedes, pioneros del progreso y del desarrollo, y amigos míos.
Señor Secretario, agregó Gardenio, que pase el segundo grupo. Honorables congresistas, de este selecto ramillete forman parte, exgobernadores, exalcaldes, exconcejales, exrepresentantes, exsenadores, exdiputados y exministros, que con su lumbre han enaltecido la política en el Tolima. Gracias a ellos, se han aprobado leyes, ordenanzas, acuerdos, decretos, actas y resoluciones, que han mejorado el bienestar de nuestro pueblo. En la faz de Colombia, esta tierra ha sido cuna de transparencia y manejo eficiente de los recursos públicos. Quiero decirles, mientras condecoramos a estos reconocidos líderes con la Orden de Comendador, que cada debate en los distintos escenarios de nuestra democracia local, se hace solamente pensando en los más altos intereses del Tolima.
Señor Secretario, concluyó Gardenio, sírvase incluir en el orden del día hasta el final de la legislatura, las condecoraciones a periodistas, locutores, animadores, columnistas, maestros, presidentes de juntas de acción comunal, rectores, ediles, escritores, lustrabotas, jueces, historiadores y madres cabeza de familia, y no se le vayan a olvidar las medallas para cada ceremonia...
Se levanta la sesión.
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