Leí hace poco un artículo donde algunos dirigentes gremiales de la ciudad hacían un detallado análisis sobre lo que denominaron el proceso de desaceleración económica que vive nuestra región. Estos “sesudos” análisis nos llevan a concluir que en el Tolima el atraso a que estamos sometidos crónicamente se ha debido a la revaluación, a la tasa de cambio, a la inflación, a los impuestos, a que “el comportamiento de este semestre ha sido atípico frente al del año anterior”, a que “el desempleo sigue teniendo una incidencia directa en el comportamiento del comercio”. Y esta última perla: “a mayor tasa de desempleo existe un menor poder adquisitivo”, o sea, descubrimos que el agua moja. Nos estamos volviendo viejos, y es evidente la ausencia de un proceso concertado que nos permita construir colectivamente el desarrollo. Nos hablan de futuro pero carecemos de la capacidad para propiciar espacios abiertos de discusión sobre lo que hay por hacer. Las reuniones gremiales siguen en el mismo círculo vicioso de hace treinta años, donde un pequeño grupo se reúne a pensar el desarrollo. Pero hasta hoy no ha salido humo blanco. Ojalá llegue el día en que podamos hacer reconocimientos por acciones destacadas; mientras tanto, estamos obligados a decir que aquí esta dirigencia no ha hecho lo que le corresponde.
Ahora prefiero que sea Alberto Bejarano quien profundice en su visión sobre lo que nos pasa: “Hace poco encontré que en algún aparte estaban dando cuenta de la "desaceleración económica" que experimenta Ibagué (como si algún día hubiésemos estado acelerados) y al leer estas noticias (y también otras), en lugar de preocupación uno termina sintiendo rabia, porque estas notas periodísticas son indignantemente recurrentes, apenas un momento más del ya eterno ciclo repetitivo de las lamentaciones de los dirigentes y agentes de opinión que con sus crónicos quejidos de plañidera pobre, simplemente esconden su incapacidad para construir consensos y formular una visión consistente de futuro para el Tolima y para Ibagué. El único tema respuesta al socarrón lloriqueo dirigencial es el verdadero desarrollo de la región, pero parece que este tema, en su más profundo sentido, también perdió su ruta en el consentido laberinto de los lugares comunes. ¿Será posible que algún día funcione más el cerebro del Pijao que sus glándulas lacrimales? ¿Será posible un replanteamiento paradigmático profundo al interior de las instituciones para permitir el abordaje de los temas seminales del desarrollo?¿Sera posible algo de renuncia al protagonismo, al egocentrismo y al oportunismo, para dar cabida al examen compartido? ¿Será posible la organización de mesas sectoriales para la reflexión profunda sobre el destino de la región? ¿Será posible asumir actitudes progresistas en vez de actitudes de simple sobreviviente o de ganapán? ¿Será posible abortar el espíritu gregario para poder encarar la indelegable responsabilidad por el verdadero desarrollo de la región? Apreciados amigos, esta nota surge en un momento de indignación por todo cuanto sucede en esta región en la que no sucede nada. Se que con estas expresiones estoy dando “papaya” para que practiquen conmigo un deporte muy nuestro: la descalificación. Pero bueno, qué importa un poco más si es de lo mismo. Lo que podemos hacer por ahora es crear una cadena de indignación contra los lugares comunes y contra los “quejetas” profesionales. Los tolimenses merecemos certidumbre de futuro y esta solo puede surgir de un inédito proceso de reflexión compartida”.
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