Más allá de la crisis

Que los tiempos han cambiado, eso nadie lo puede negar. Que la economía nacional y local ha sufrido cambios generados por factores externos de origen global, es algo tan obvio que no se requiere de mucho análisis para evidenciarlo. Le pregunté a un celador si él percibía algún síntoma de crisis y su respuesta fue afirmativa. El año pasado, me dijo, la libra de arroz costaba setecientos pesos y hoy vale mil quinientos. Aunque se hable de crecimiento, la situación social se ha deteriorado y en múltiples sectores productivos los síntomas de recesión comienzan a percibirse. Hasta el clima está alterado. Miles de cigarras por el invierno murieron colgadas de los árboles, sin que hubieran tenido tiempo de estrenar su monótono canto. Solo las previsivas hormigas siguen en sus cuarteles esperando a que llegue por fin el verano.

Como no quiero ahondar en escribir lo que difunden los medios y los analistas, creo que es posible tomar decisiones que nos ayuden a entender que más allá de las crisis siempre hay caminos nuevos qué recorrer. Incluso, desde un punto de vista espiritual un maestro en su libro “La voz del desierto” nos dice que la mejor época para sembrar las semillas del éxito, es en el tiempo del fracaso. La historia del padre que durante cuarenta años mantuvo estable su empresa y al cabo del tiempo quiso entregar la gerencia a su hijo, doctor en economía, quien una vez asumió la responsabilidad no se cansó de repetirle que presentía una crisis por todo lo que se decía, y así con el paso de los días aplazó decisiones, descartó urgentes inversiones y, esperando lo que iba a pasar, su empresa perdió el liderazgo de otros tiempos y se enfiló por el despeñadero. Creo que la enseñanza de este ejemplo no es la creencia en la crisis por sí misma, sino la actitud que asumió el hijo, porque el padre también tuvo momentos difíciles que logró sortear con éxito. A partir de esta modesta reflexión, me atrevo a hacer dos sugerencias:

- Una política de austeridad aplicada desde el hogar hasta la empresa ayuda a mantener las reservas y a no exagerar en los gastos. Si estoy en crisis, lo lógico es replantear incluso costumbres adquiridas en tiempos de bonanza. Un cuidadoso seguimiento al presupuesto permite controlar rubros tan básicos como los servicios públicos o los celulares. Otra cosa, mande al carajo las conveniencias sociales. “Si vives del qué dirán, estás muerto”.
- Las crisis son duras pero son un excelente momento para reflexionar desde la empresa si la estrategia comercial que se está ejecutando es la más conveniente, si los productos no han perdido competitividad, si la competencia está vendiendo más barato y es más eficiente. Alguien debe estar comprando. Es más, con qué productos nuevos usted va a ampliar su mercado. Trabaje inspirado en un objetivo superior. No espere a que amanezca. El día siguiente va a ser igual si desde hoy no se mueve rápido. Asuma directamente la responsabilidad de quebrarle el espinazo a la crisis. No confíe totalmente en los vendedores, hágalo usted mismo, acompañe, vaya, viaje, recuerde que muchos de ellos se mueven sólo en función de su salario, ellos no tienen la angustia de conseguir la plata para la nómina. Sea agresivo, actúe sin miedo. Con actitud y optimismo cualquier crisis se desvanece.
Ibagué, 25 de julio de 2008

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