A raíz del informe que acaba de publicar la revista Semana sobre “las 100 empresas más grandes de Colombia (...y las 900 siguientes)”, en el que muestra el excelente momento de la economía nacional en el 2007 con un crecimiento del 7,5 por ciento, “la cifra más elevada de las últimas tres décadas”, me di a la tarea de revisar cuántas de estas empresas son tolimenses. Sólo siete compañías entre 1.000, es decir, el 0,7 por ciento, da cuenta de que el Tolima no es propiamente tierra de inversionistas y empresarios.
La primera es Molinos Roa, ubicada en el número 102, de larga y reconocida trayectoria especialmente en la zona del Espinal. En el puesto 196 se localiza la empresa Arroz Diana que al igual, es una marca con un producto que tiene sello regional. En el número 540 aparece Sida, una de las empresas con más tradición de Ibagué, especializada en la comercialización de vehículos Ford, Mazda, Hyundai y Kia, y que para el sector agrícola vende la línea Massey Ferguson con sembradoras, cosechadoras, combinadas y tractores. En el puesto 704 aparece la Granja Buenos Aires, una de las compañías más queridas por los tolimenses y con un reconocido liderazgo en el mercado nacional. En el número 858 se ubica Textiles Espinal, una de las más importantes hilanderías del país que ha sufrido el coletazo de la revaluación, pues esta compañía provee de hilazas a Fatextol, quien ha visto afectado su margen de maniobra comercial hacia los Estados Unidos. En el puesto 982 se encuentra Coltolima, especializada en la comercialización de vehículos Chevrolet y considerada uno de los símbolos empresariales del Tolima. Cierra la lista como empresa número 1.000, Escobar y Arias, concentrada en la venta de licores. Hay dos empresas más que no incluyo en la lista porque su composición accionaria no es preponderantemente tolimense. Una es Cemex Colombia que aparece en el puesto 41 y que fue adquirida por la cementera mexicana hace varios años. La otra es la aerolínea Aires ubicada en la línea 281.
Aunque es significativo el aporte económico y social de estas empresas al Tolima, la evidencia clara es que nunca ha existido una política pública y menos privada para generar y atraer inversión. ¿Por qué en lugar de siete no hay en ese ranking cuarenta o cincuenta empresas irradiando riqueza por todos los rincones? Sería interesante que una de esas asociaciones que existen hiciera una investigación para poner en blanco y negro la capacidad empresarial de los tolimenses. Y determinar si es que los problemas, entre otros, son de orden antropológico. Como ha pasado muy poco que haya sido relevante y perdurable en los últimos veinticinco años, esto es lo que como tolimense me revuelve el estómago. Tanta mediocridad en un espacio tan reducido. ¿Dónde está el liderazgo de los que aparecen semanalmente en las fotos como voceros de los empresarios? Repito lo que sigo viendo: nos contentamos con los cuarenta millones que acabó de aprobar el gobierno departamental para seguir pensando en una visión al 2025. Y el año próximo, habrá otra adición presupuestal para lo mismo. Después llegarán recursos para construir la visión 2050. Y ahí vamos, ahí seguimos, quemando entre nosotros mismos el incienso, envejeciendo como árbol sin hojas, influyendo en lo pequeño, para que el pequeño orden (qué orden) no se altere. Que viva el Tolima industrial.
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