Colombiatex, la feria anual de textiles, insumos y maquinaria que se realizó a finales de enero en Medellín y que cumplió veinte años, no es sólo uno de los más representativos escenarios de la industria textil latinoamericana. Es el espacio que proyecta el talento de un sector que contribuye en el país con más de doscientos mil empleos directos y que en el Tolima se ha sostenido a pesar de las dificultades económicas y de las barreras propias de la revaluación.
Lo interesante como lección de esta feria es la tendencia evidente hacia la especialización de productos con altísimo valor agregado. Y este es un tema del que se ha hablado mucho y al que tendrán que recurrir quienes buscan desde sus empresas ganarse un espacio en el mercado nacional e internacional. En la conferencia “lo que nos falta para hacer y ser marca”, Mauricio Arango dijo algo espeluznante: Bogotá, en los nueve días antes de navidad, vendió trescientos cuarenta y seis billones de pesos en prendas. Y luego lanzó esta perla: “De estas ventas, cuál es su tajada en el mercado?”. La respuesta es obvia. Quienes estamos en el sector, o creamos, producimos y comercializamos prendas con valor, o vayamos comprando las velas, la caja y contratando la misa y los responsos, porque nuestra muerte empresarial puede estar ya a la vuelta de la esquina.
Esta realidad resulta dolorosa, pero a la vez ejemplarizante. Algunas de nuestras empresas en el Tolima, las que abrieron el camino e hicieron que los textiles y las confecciones formaran parte vital de la economía y la cultura regional, hoy se debaten en la disyuntiva de si atender o no un mercado tan exigente y competitivo como el de Estados Unidos que fluctúa todos los días con un dólar revaluado o mirar hacia otros mercados distintos al venezolano, alterado e inestable.
La senda es estrecha y difícil, pero hay testimonios de empresas locales medianas y pequeñas, que han abierto el camino y hoy hacen presencia exitosa con sus prendas. Michael Porter dice que una de las bases esenciales para lograr el desarrollo y asegurar una posición competitiva está en el modo como pensamos. Es decir, como asumimos los retos. Como interactuamos con el entorno. En la medida en que seamos capaces de replantearnos, de modificar viejos esquemas gerenciales, administrativos y comerciales, en la medida en que podamos construir desde la experiencia o el conocimiento académico una visión global, sintonizada con las corrientes del mundo moderno, la posibilidades de éxito aumentan.
Creo que es así. Ambicioso en el sueño, arriesgado y confiado en el empeño y muy cuidadoso a la hora de realizar inversiones. Tres insumos más: La austeridad en el gasto debe ser una política de rigurosa aplicación; un bien tejido concepto de gerencia estratégica, uno debe saber para dónde va, con horizonte claro y no como el cazador furtivo que dispara su escopeta de perdigones al aire a ver si de pronto cae una torcaz. Es clave concentrarse hoy en la acción, pensando siempre más allá de mañana. Proyecto en ejecución y en plena marcha, permite dar el paso a otro proyecto, antes no. Finalmente, el talento no lo venden en la farmacia, hay que conseguirlo, o construirlo.
Ibagué, 30 de enero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario