“...-Nací con Síndrome de Down-...Fortalecidos con la oración, apoyados en el afecto de familiares y amigos que de corazón celebraron mi existencia, pero sobre todo inspirados en el inmenso amor que por naturaleza sólo los padres sienten por sus hijos, papá, mamá y mi hermanita me rodearon de un inmenso cariño, los desvelos y atenciones estuvieron a la orden del día, fui cálidamente recibido en mi hogar como el bebé más saludable y hermoso del mundo...Aun soy un chiquillo, pero mi niñez ha transcurrido en una singular combinación de juguetes, rondas y juegos que alternados con cirugías, terapias y especialistas, han contribuido de manera significativa en mi superación... pues nos hemos propuesto una meta con mi familia... que yo aprenda a comportarme como las demás personas para lograr un espacio en este complicado mundo. -¡Sólo Dios y mis padres saben el gran esfuerzo que todo esto me ha costado!-.
Mi madre es sensible, cálida y alegre, mi padre sereno e inteligente, en mi hermana converge la armonía de la juventud, ellos no se sienten afligidos ni deshonrados, por el contrario, se creen privilegiados. Son personas optimistas y agradecidas con la vida, ellos saben que entre un sinnúmero de familias fueron seleccionadas por Dios para realizar una misión especialísima...humanizar a un pequeño e indefenso ángel que llegó a formar parte de sus vidas. -¡Ese ángel soy yo...Samuel Felipe!-. Cuando mamá se recrea y reflexiona pensando en mi futuro, en medio de sus meditaciones contempla mis debilidades y mis méritos y con el profundo sentimiento de su corazón de madre, admite que yo nací con una genial inteligencia. Pero también, ante la plena convicción de que soy un ángel hecho realidad, con absoluta placidez, ella, mi mamá, siente tranquilidad al presentir que con mis angelicales pensamientos nunca tendré capacidad para planear la desdicha de otro ser humano, que en mi noble corazón no puede caber la hipocresía, la maldad, ni la envidia, y que como ser humano jamás me tentará la ambición para anhelar aquello por lo que se mueve todo en este mundo: ¡El dinero y el poder!
Ella dice que a cambio, el Señor en su sabiduría, me dotó de una personalidad única y particular, concediéndome excepcionales virtudes que engrandecen el alma y el espíritu: la ingenuidad, la sinceridad y la sencillez. Gracias a esas cualidades es que me distingo de los demás. Ella, mi mamá, sabe que tengo carisma y talento para llegar a ser una persona originalmente ejemplar, porque desde que nací brillé con luz propia, pero lo más importante y que le da sosiego a su corazón es saber que los que me rodean, siempre encontrarán en “mi” una razón para vivir y darle gracias a Dios, pues ella está convencida de que yo soy una dulce y “especial” bendición.
Mi mamá dice que yo soy su orgullo en el cielo y en la tierra, porque fui un ángel escogido para enfrentar esta humanidad a la que no pertenezco, por eso, cuando algunas personas me miran con extrañeza, nosotros no nos inquietamos, porque sabemos que yo tengo un puesto de honor en el cielo y tal vez los que me observan con desencanto en esta tierra serán unos extraños allá, en la gloria, en la eternidad, donde los ángeles no conocen las vanidades de este mundo fugaz”. Autora de este texto: Consuelo Suárez Segura. Inspirado en: Samuel Felipe Ramírez Suárez.
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